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    12/30/2007

    DIARIO DE BUENOS AIRES - Frankfurt

    Miercoles, 5 de Diciembre de 2007, h 10.35 – [La vuelta no ha sido brusca y desagradable, sino que diría casi el revés. Extrañamos (hablo siempre más al plural) la Primavera de Buenos Aires, pero hemos encontrado una Madrid sumergida en un Otoño agradable. Me impactó el Sábado a la mañana ir en Plaza Dos de Mayo y ver las ojas caer de los arboles como lluvia, un espectáculo que dudaba saber apreciar. Hemos hablado con Emiliano, con Lautaro y también con el padre, yo además me he encontrado en messenger con Caro ayer. El Domingo a la tarde no supe contenerme y le envié una e-mail a Margarita, con en adjunto las dos fotos que le hice a los pechos precisamente hace un més. En la mail escribí:

    “¡Hola Margarita! ¿Como estás? Espero que todo bien. Nosotros hemos vuelto anoche, a la h 1.30, cuando Buenos Aires todavía gozaba de los último rayos del sol del Sábado y el reloj sonaba las h 21.30. El viaje fue largo, pero no tan pesado como a la ida. Hasta pudimos descansar en el avión y, por suerte, pudimos almorzar bien, durante de la sosta en Frankfurt (Alemania), donde viven hace treinta años unos tíos míos, que nos huespedaron en su casa y nos hicieron conocer rapidamente la ciudad y sus alrededores. María Valeria hoy ya trabaja, mañana descansará, mientras que yo precisamente mañana me podré manos a la obra con mis cosas. Como te habíamos prometido, te mando las fotos, en adjunto a esta mail. Lamentablemente, son las únicas que nos sentimos de enviarte. Tu actitud a lo largo del més ha inspirado eso. Tus comentarios y tus juicios, en particular los del Viernes, pero no solo aquellos, recibirán digna, elegante (a parte las fotos, que - pardón - todo son, a parte que elegantes) y silenciosa respuesta, la merecida, ya que chocan con tu pasado remoto (Nelson Arrondo remember), que definir oscuro es eufemístico, y con tu pasado reciente (ay, todo el tiempo que perdí cazando a tus bis-abuelos), por lo menos desagradecido. Lo siento, no era lo que queríamos. Hoy Domingo, en Madrid hace frío, pero menos de lo temido. Buenos Aires es linda, pero hemos vuelto en la hermosa Madrid otoñal y estamos contentos. El més pasado en Argentina nos ha aportado mucho, ha sido por largos ratos agradable, volveremos de visita lo antes posible. Me despido deseándote lo mejor, por tu familia, por tu trabajo, por tu nueva casa, por tu vida. Un saludo. -Mario Cipriano-“

    A María Valeria no le cayó bien que envié esa mail, pero era debida. Margarita todavía no ha contestado, dudo que lo hará. Mi novia dice que seguro que no se esperaba que le contestara, que debo de haberla shockeada. Bueno, tal vez sea inculto, pero sé bien como picar con las palabras . . . […] ].

    El viaje en Lufthansa (vuelo LH 0511) no fue tan pesado como a la ida, hasta pudimos dormir, yo no fui a fumar, pero, después de once horas seguidas estando sentado, igualmente fui al baño para hacer pis. En el avión nos dieron la cena y el desayuno, a parte de las consuetas mantitas, que yo me llevé. Llegamos en Frankfurt con tan solo media hora de retraso, antes de las h 16.00 de Greenwich nos encontramos con zio Antonio. Él nos llevó a sacar las cartas de embarque para Madrid (en Buenos Aires no pudieron hacerlas) y solo después salimos, entramos en su coche, donde estaba también zia Filomena y . . . Ulisse, su lindísimo perro. Nos llevaron a dar una vuelta en coche, en Frankfurt city, mi tío nos hablaba de la ciudad. Parece que allí no viva nadie, destruida por la II Guerra Mundial y transformada en una ciudad industrial, sobre todo bancos, nos enseñó el European Central Bank. Era impresionante su oscuridad, entendida como falta de vida, la gente se movía segura y maquinosa, pasaban una marea de coches, autobuses, el tranvía que se mueve del centro de Frankfurt hacia toda la región. A lo lejos vi una torre, muy moderna, en perfecto estilo Star Wars, con un disco perforado por el tronco, altísima. Zio Antonio me dijo ser la central de una cedena televisiva, el disco contiene un restaurante, que gira para que los clientes vean el panorama cuando la niebla lo permite. Pensé en la Tour Eiffel, que espero ver en 2008. Seguimos la visita en coche, demasiado el frío para salir, mi tío nos explicaba cada detalle, contestaba a las preguntas mías y de mi novia, que me parecía estar aburrida o incómoda, pero tal vez solo estaba contemplando lo que veía. Por fin, nos dirigimos hacia el pueblo donde ellos viven, Bad Hamburg (no se escribe así, pero no me acuerdo como es . . .). Allí la vista cambiaba totalmente, entramos en la zona viva, también destruida por los estaduinidense y los ingleses, pero reconstruida según el estilo clásico, con las “casitas alemanas” que a María Valeria tanto le gustan. A parte la ciudad, lo que más me impactó fue el clima: no eran todavía las h 17.00 y ya anochecía, hacía un frío tremendo, me parecía imposible que no más que medio día antes habían 30 ºC, mi cabeza no concebía que Buenos Aires podía estar tan lejos.

    La casa de mis tíos está ubicada en la primera planta de un condominio del que zia Filomena es portera. Dejamos las maletas en el coche, llevandónos solo las mochilas, que igualmente dejamos en la entrada. El piso es muy lindo, bastante amplio, cada uno con su habitación, todas bien cuidadas y decoradas, dos toilettes, un amplio salón, con mesa, sofás, televisión. Nos dejaron llamar a casa de los padres de cada uno. Hablé con mi padre y mi madre, hablaron ellos, zio Antonio repitió varias veces a mi madre que me veía mejor que a la ida. También María Valeria pudo llamar, a Argentina, para decir a su padre que la parte pesada del viaje había ido bien, quedaron en hablar en cuanto hubiéramos vuelto en Madrid […]. Nos dijeron de sentarnos, pero yo preferí estar parado, con todo lo que había estado sentado en el avión. Vi que tenían expuestas unas fotos: zia Eleonora (la misma foto que tienen también mi madre, zia Gina y nonna), nonno Mario (creo que nunca lo había visto tan joven) y Aldo (fue la primera vez que vi una foto suya expuesta por su fallecimiento, hecha y enmarcada igual que como hicieron por zio Tonino, me dio dolor, en pocos días – hoy, 5 de Diciembre – hubiera debido de ser su cumpleaños). Charlamos un rato, nos dijeron que Mario e Isabella habían salido, Mario para tocar en un concierto (ha dejado el flamenco por la música clásica) e Isabella en una manifestación pre-navideña, donde fue a tocar el violín, instrumento que está aprendiendo en estos meses (zio Antonio le dijo a mi madre, con cierta frialdad, que ella no tiene las mismas calidades y el mismo telento que Mario), pero los dos volvieron para la comida. Porque, aunque eran las h 17.30, comimos, no sé si decir que almorzamos o que cenamos. Lasagna de primero, cotoletta con ensalada de segundo, fruta, todo acompañado por un vino portugués que no nos convenció para nada, tampoco a mi tío. Pero la cotoletta (no me gusta llamarla “milanesa”) y sobre todo la lasagna compensaron ampliamente: hacía desde Pascua que no comía lasagna y, además, no es una lasagna cualquiera, sino que una lasagna muy bien hecha, al nivél de las de mi madre, porque zia Filomena cocina como es debido. La disfruté hasta limpiar el plato, tendré que esperar por lo menos un par de meses antes de volver a comer algo parecido. Para aligerar la comida, zio Antonio nos llevó a dar una vuelta, aunque María Valeria no estaba muy de acuerdo. En el frío alemán, caminamos por el Centro del pueblo, todo muy lindo, vimos las tiendas, llorizneando ya al recordar los precios argentinos. Mientras que caminábamos, nos alcanzó zia Filomena, con Mario, Isabella y Ulisse, en coche, y nos llevó al aeropuerto.

    El vuelo LH 4416 salió puntual, a las h 20.30. A diferencia que el otro, aquí teníamos lugar en la ventanilla, donde se puso mi novia. Y es que el avión estaba casi vacío, yo hasta pude tirarme con las piernas arriba del asiento a mi lado. El tiempo se pasó más lento, tal vez porque estábamos cansados y veíamos acercarse el fin del viaje. Bajamos alrededor de las h 23.30, vimos Madrid desde lo alto. Le pregunté a mi novia que le parecía y me contestó que las ciudades desde lo alto parecen todas iguales […] . . . . . Mientras que esperábamos las maletas, yo me fumé un sigarrillo en la sala fumadores. Nuestros trolleys aparecieron rápidos, tardamos más para llevarlos hasta el Metro. Fue un poco agobiante, con toda la gente que había y que hay siempre cada Sábado a la noche, pero el problema mayor fue al llegar en Tribunal: la primera de las escaleras mecánicas no funcionaba, así que tuve que llevar yo las valijas hasta arriba, antes una y después la otra. Mismo discurso al salir, donde simplemente no hay escaleras mecánicas, pero aquí nos ayudaron unos chicos. Vimos la noche de Malasaña a la h 1.15, no hacía frío, pero era raro igualmente, por el mismo discurso hecho en Frankfurt relativamente a las diferencias con la primaveral Argentina dejada poco más que 24 horas antes. Entramos en casa a la h 1.20: todo igual, sentí placer en volver a estar aquí.

    DIARIO DE BUENOS AIRES - El viaje de vuelta

    Sábado, 1 de Diciembre de 2007, h . . . – [¿Qué hora es? La verdad es que no lo sé. En Buenos Aires, desde donde empezó el viaje de vuelta, son las h 9.45 de la mañana, estuviéramos allá es capáz que estaríamos todavía en la cama; en Frankfurt, donde llegaremos en una hora y media, como en Madrid, destino final, son las h 13.45. Ahora mismo estamos a la altura de las Islas Baleares, hemos pasado hace rato Palma de Maiorca, nos acercamos a Italia].

    Los últimos dos días han sido particulares, con tantas cosas y un par de golpes al estómago muy pesados. El despertador no lo pusimos, pero nos levantamos a las h 10.30 como al día anterior. Me sentía algo aturdido, tal vez demotivado, la cabeza seguía doliendo, no quise desayunar. Salimos a dar una vuelta, también porqué María Valeria necesitaba de unas cajas de cartón para guardar apuntes de la Universidad. La encontramos en una tienda en la Avenida Rivadavia, ya decorada a fiesta por las Navidades. De vuelta, volvía a salir casi enseguida y me fui al locutorio de la Avenida Jujuy, no el chino sino que el otro, más caro pero también con la conección a Internet más rápida. Almorzamos tranquilamente y pasamos lo demás de la tarde ordenando la habitación, tirando lo innecesario, almacenando lo que quedaba, guardando fotos, libros y dibujos que queríamos llevarnos en Madrid. También había que hacer la maleta e insistí en hacerla ya, para evitar de llegar a lo último con cosas pendientes. María Valeria estaba medio vaga, pero, aunque con retraso respecto a mi, se puso a la obra. Cuando casi eran las h 7.00 de la tarde, terminamos y fuimos a la farmacia de la Avenida Jujuy a pesarlas: como ya escribí en el momento, la de mi novia se pasaba de unos cuantos kilos.

    A las h 20.00, acompañados por Emiliano, decidimos salir a tomar algo. A mi me pareció inoportuno salir a esa hora, hubiera sido mejor ver cuales eran los programas de su padre para la noche, también porqué faltaban 24 horas a la despedida y él y su hija np se veían desde hace dos días. Pero no pude contrastar la decisión tomada y los seguí. Excluido el Bar de Cao, caminamos en la búsqueda de un lugar; a Emiliano le gusta uno que fue abierto en 1918, viejo, sucio, como el dueño y los pocos clientes que lo frecuentaban; su hermana no aprobó. Los que estaban a mi novia tampoco le convencían, ní uno en la Avenida de San Juan nº 2101, feo a su decir. Seguimos un poco más, casi entramos a otro, pero nos dimos cuenta que es demasiado elegante y más apto para comer, así que volvimos atrás y entramos a lo del nº 2101. Nos sentamos en una mesa al lado de una ventana, al fondo izquierda de la puerta de entrada, María Valeria y Emiliano de un lado y yo enfrente. Su padre nos informó que había comprado empanadas para comer a la noche . . . ¿Porqué tengo siempre razón? Nos atendieron enseguida, pedimos dos empanadas y una Coca-Cola para mi, un batido para mi novia y un bocadillo y una Sprite para Emiliano. Mientras que esperábamos, se acercó un señor buscando vendernos algo, pero gentilmente rechazamos. No pasaron dos minutos, que se acercó otro; estuve a punto de decirle a mis acompañantes que me hubiera ocupado yo de él, pero no hice a tiempo. El tipo vino y nos ofreció un perrito de peluche a 6.oo $; frente a nuestro rechazo, bajó el precio antes a 5.oo $ y después a menos; los rechazos de mi novia y de su hermano no alcanzaron, insistió, diciendónos que eso hubiera servido para que volviera a su casa con algo; ni los siguientes rechazos sirvieron para alejarle, así que María Valeria le dio un par de pesos . . . No aprobé, no hay que darle si no se quiere realmente, además que en cambio no se hizo dar tampoco nada, así que fue menos que una limosna, pero una limosna forzada. Lo dije a mi novia, reaccionando contrariado. El tipo, que se estaba yendo, al escucharme se dio la vuelta, paró y me miró con la sonrisa de quien piensa «Es inutil que te quejes ahora, ya os he ganado» . . . Me levanté y, con claros gestos y palabras, le invité a irse, entre las tentativas de detenerme de mi novia y su hermano. […] Telefonó Eva: quedamos en que ella y Caro nos huibieran alcanzado en casa en una media hora, para estar allá o para ir a algun lado. Pedimos permiso para quedarnos allá a su padre y lo saludamos, ya que se iba a dormir, Dulci y Paulo ya estaban en la cama. María Valeria propuso de comer algo en la espera, invitamos a Emiliano, pero dijo que no tenía hambre, probablemente por el mal rato que le hicimos pasar. Comimos un par de empanadas cada uno, yo de carne, ella de jamón y queso. La noche con Eva y Caro fue linda. Estuvimos en la terraza a tomar cerveza y Coca-Cola, Eva comió un par de empanadas, Emiliano silencioso entre nosotros, después llegó también Marcelo y se quedaron un rato a tomar, sin hacer ruido. Se fueron como a las h 2.30, los acompañamos en la puerta, nos despedimos de Caro y de Marcelo, quedamos con Eva para que volviera a pasar a la tarde siguiente, nos fuimos a dormir, más tranquilos de lo que se podía presumir.

    Lunes, 3 de Diciembre de 2007, h 18.15 – [Madrid en Otoño. El Domingo a la noche […] a las h 3.00 nos dormimos. Nos despertamos a las h 12.30, desayunamos, salimos un rato, tan solo para ir a la china de al lado para comprar pasta de dientes; después, mientras que mi novia se duchaba, yo fui a comprar dos kebab, comimos y enseguida ella se fue al trabajo. Yo pasé la tarde aquí, hice la lavadora, seguí el desarrollo de los partidos de las varias ligas de fútbol, ordené, estuve en Internet, quedé con Casimiro para que nos viéramos aquí en mi piso, pero él no se presentó, hablé al teléfono con Flavia y con mi novia, a las h 23.00 cené, barritas de pescado con judías y cebolla, mandé unas mails a parientes y amigos con fotos en adjunto; a las h 24.25 fui a buscar a María Valeria, volvimos en casa, charlamos un rato, tomamos vino, hablamos en skype con Emiliano […] y nos dormimos. Un día cualquiera de Madrid. Como si el tiempo no hubiera pasado].

    Pero la verdad es que veníamos de un largo viaje por arriba del Atlántico y del último día bonarense. Como si tuvieramos un reloj biológico, también la mañana de la despedida nos levantamos a las h 10.30. Para la última mañana, María Valeria deseaba un desayuno fuerte, rico en dulce de leche. Teníamos pensado ir a comprar facturas, pero se nos adelantó su padre, que se tomó el día libre del trabajo. Así que mate con facturas y a las que no tenían dulce de leche se lo pusimos nosotros. Con las maletas ya hechas, fui a tirar la basura y enseguida decidimos salir. Quería pasar un rato por el locutorio, pero acabamos quedándonos casi una hora. De allá, fuimos al Spinetto, donde María Valeria necesitaba comprar agua mineral para mezclarla con su medicina. No compramos solo agua, también muchas cervezas para llenar la nevera vaciada durante de la noche anterior, a parte que alfajores para su familia, para llevar a zio Antonio y para nosotros, un paquete de Raffaello (los bombones italianos de la Ferrero) para Lautaro, una camiseta negra sin magas para mi. Al salir del Coto, el supermercado del Spinetto, dimos una vuelta por el centro comercial: mientras que María Valeria compraba una Sprite, yo me compré una cadena con una medallita del San Lorenzo de Almagro; subimos a la librería y ella le compró a Paulo el primer libro de Harry Potter, para que lo lea en un futuro que se espera cercano, mientras que yo buscaba algo más argentino y acabé con Las fuerzas extrañas de Leopoldo Lugones.

    Mientras tanto, se habían amontonado telefonadas y sms por parte de su padre, de Lautaro, de Emiliano, de Eva . . . Su padre había acompañado a Paulo a la escuela y había ido a hacer unas comisiones, antes de dirigirse a La Continental de la misma Avenida Belgrano, la pizzería elegida por nuestro último almuerzo porteño. Lautaro ya estaba en casa y nos esperaba (en el baño). Emiliano había desaparecido después de un vago sms y solo nos contactó más tarde, para decir que iba a llegar con retraso, a las h 16.00. Le dimos a Lautaro su regalos […] y salimos hacia la pizzería. Allí nos esperaban su padre y Dulci, cuando las h 15.00 ya habían pasado. Encontramos lugar en la primera planta, nos sentamos, ordenamos pizzas, cervezas y agua. La pizza estaba buena, esta vez no tuve nada que opinar. Fue agradable, como siempre agradable ha sida la presencia de Lautaro a lo largo de todo el més. Emiliano llegó cuando quedaba solo un trozo de pizza, así que ordenamos una más pequeña y la compartió conmigo.

    Yo y los tres hermanos volvimos andando, hablé con Lautaro, mientras que mi novia estuvo con Emiliano. En el restaurante, Lautaro había notado mi medallita del San Lorenzo y me había prometido regalarme una de las camisetas que tenía en casa; me la hubiera entregada más tarde Emiliano, haciéndome elegir entre dos, evidenciando escaso entusiasmo de hacerme un regalo, aunque a él de esa camiseta no le importaba ya nada. En casa, telefonó Margarita, anunciando su pronta llegada; noté que se entretuvieron un rato más de lo debido al teléfono, pero le resté importancia a eso. Mientras tanto, Lautaro estaba listo para irse: los dejé un rato en la habitación para despedirse, hubo un largo abrazo, pero nada de lagrimas, la conciencia en ambos de que esa separación es justa, que cada uno tiene su vía y que ojalá se reunan pronto en Madrid; yo acompañé a Lautaro hasta abajo, en el ascensor tuvo lindas palabras también para mi: dijo que lo había pasado muy bien con ambos, que me vee muy bien con su hermana, que vee que la quiero y que ella me quiere, que le doy mucho cariño, que estaría encantado si siguiéramos juntos, pero que, si no siguiéramos, la amistad construida en este Noviembre 2007 no tenía que ir desperdiciada. También nuestra despedida fue muy calurosa.

    A los pocos minutos sonó el citófono: Eva. Bajé yo a recibirla, le habrí la puerta del edificio, la saludé como de costumbre, le enseñé el camino, aunque ella lo conoce mejor que yo, le habrí las puertas del ascensor y del piso, la informé sobre nuestras más recientes actividades. Eva ya en la semana nos había dejado unos regalos para Flavia y Chris (que ayer cumplió 31 años, yo hablé al teléfono con su esposa, pero me olvidé de felicitarle), a parte decirnos que tal vez a mitad del año que viene se venga de viaje a Europa. No pasó mucho para que el citófono volviera a sonar: esta vez, como esperado, era Margarita. Otra vez me di prisa yo para ir a abrirle. Cuando llegué abajo, me la encontré enfrente, le había abierto el portero. Fue raro, parecía sorprendida de encontrarse conmigo, así como en el ascensor mantuvo un incómodo silencio y tuve que ser yo a tomar palabra y decir un par de cosas para romper la frialdad de la situación. Estuvimos los cinco (también Emiliano), charlando en el salón, sentados en la mesa, hicimos fotos, también con la cámara de Margarita. Otra situación rara aconteció exactamente en ocasión de unas fotos: las hizo la misma Margarita, los demás parados con las espaldas a la puerta, yo y mi novia en la extremidad izquierda, abrazándonos fuerte, y Margarita que gritó con modales de medio de broma medio serios, que había espacio para todos y no hacía falta estar tan pegados . . . No le hice caso. Estuvimos casi hasta las h 19.00, María Valeria y su pseudo-mejor amiga se quedaron un rato más solas, sentadas en la mesa del salón, no di importancia a lo que se dijeron, pensé oportuno concederle cuanta más intimidad posible. La primera en irse fue Eva, la despedida fue linda, ella ha sido la con la que más hemos estado entre las amigas, yo la acompañé hasta abajo. Por fin se fue Margarita y allí dejé que fuera María Valeria a acompañarla y despedirse por última.

    Los minutos pasaban lentos, volvió de la escuela Paulo, su padre, que estaba descansando, dijo que hubiéramos salido de casa a las h 19.30. Nosotros nos vestimos, nos lavamos los dientes, cerramos definivamente las maletas, vaciando del todo cajones y estantes utilizados a lo largo del més. Mientras que lo haciamos, María Valeria me dijo «No le has caído muy bien a Margarita», con tono entre el afirmativo y el interrogativo, recibiendo por mi parte un neto «Lo sé», acompañado por una insegura sonrisa, pero mantuviendo la mirada firme para transmitir la consapevoléz de esa afirmación que casi me sorprendió. Significaba que Margarita le había hablado de mi y que no habían sidas palabras lindas. De hecho, mi novia siguió, diciendo que, cuando antes había telefonado, le había expresado la esperanza que la próxima vez estuviera «[…] mejor acompañada», que María Valeria es una persona tan linda y culta y se merecería más, alguien que esté a su altura . . . También me dijo que, cuando hace poco se habían quedado a solas en el salón, Margarita le había dicho de no tomar mal sus palabras, recibiendo como respuesta de mi novia que no, que ella está bien y eso es lo importante.

    No tuve tiempo de pensar en eso a principio, también porqué un último episodio negativo se apostó en mi experiencia americana: Paulo, de vuelta, estaba allí molestando, tomando cosas, amenazando tirar mi gorrito, etc. Yo buscaba soportarlo, ser bueno con él, evitar la distancia creada y siempre más acentuada a lo largo del més. Busqué jugar, lo tomé en brazo, le hice cosquillas, pero él reaccionó de su forma, me pegó varias veces, dos fuerte, un golpe a una pierna con su píe y un puñetazo en la oreja izquierda, exactamente donde tengo el pendiente puesto pocas semanas antes. Y me dolió . . . Tuve un instinto de violencia, lo dejé con una mano y lo mantuve solo con la otra, agarrándolo por una pierna, cabizbajo, con las ganas fuertes, pero por fin controladas, de dejarlo . . . María Valeria allí, había visto todo y estaba espantada para los dos. Dejé suavemente a Paulo, que, sin llorar ni nada, solo enfadado, salió de la habitación. Yo, sí casi llorando, no dije nada y abrazé fuerte a mi novia, que dulcemente contestó comprensiva al abrazo, mientras que yo le decía desesperado «No he hecho nada, quería solo jugar» . . . . .

    Salimos, de casa, cargamos las maletas, saludamos a Dulci y a Paulo, que hasta me saludó bien a mi, con un espontaneo beso. Su padre conducía adelante, yo, María Valeria y Emiliano atrás, pasandonos dos cervezas Guinnes, de las compradas a la mañana. Durante del viaje hacia Ezeiza, pensé en lo que mi novia me había dicho, de las palabras de Margarita. Me da igual lo que piense esa tipa, aún más que no es la más apta para hablar, considerando su indigno pasado en relación a mi novia, pero sobre todo porqué a los juicios negativos estoy acostumbrado, conmigo la gente siempre ha sido así, o blanco o negro, o juicios muy positivos o juicios muy negativos. […] No es Margarita la que me asuste o me deprima, no podia ser ella quien me hiera. Pero, será por los días complicados de los que venía, será porque tan directos tal vez raramente habían sidos, será que se trata de alguien muy vecina a mi novia, pero me chocó, me quedé dolido, dudé de mi mismo, me sentí humillado.

    En el aeropuerto, nos pusimos enseguida en la fila por el check-in, bromeamos, yo fui a fumar afuera, Emiliano se puso mi “gorrito de la fortuna”, tuvimos que esperar un buen rato, pero por suerte todo fue bien, las maletas pesaban respectivamente 25,5 kg y 23,5 kg, pero no nos dijeron nada. Pasamos a la otra fila para pagar la tasa aeroportual de 15.oo €, subimos a la planta de arriba para pasar el metal detector y allí nos despedimos de Argentina, con los saludos y abrazos a Emiliano y a su padre. A las h 22.30 el avión despegó con destino Frankfurt.

    12/28/2007

    DIARIO DE BUENOS AIRES - Salidas y saludos

    Jueves, 29 de Noviembre de 2007, h 14.52 – Mañana nos vamos, dejaremos América a las h 21.50, con destino Frankfurt. Yo desde el despertar de ayer padezco un dolor de cabeza insoportable. No nos hemos despedido casi de nadie: hoy veremos a Eva, mañana a Lautaro, Margarita y tal vez a Iolanda. Buenos Aires vive su primavera en pleno, con sol, calor, días agradables que extrañaré, ya que en Madrid no los veré antes de Abril.

    Ayer a la tarde, con mi novia todavía enfermiza, fuimos a llevar cosas a Analía, en su taller en la Galería del Viejo Hotel de San Telmo. Le llevamos de todo, desde un caballete que María Valeria tiene desde hace por lo menos quince años a pinturas, más libros, hasta una cabeza de geso con la naríz rota que mi novia hizo en la Universidad. Vinieron también Lautaro (indispensable por el coche) y Emiliano, pasamos un rato con Analía, tomando mate y charlando. Para decir la verdad, yo no charlé, ellos lo hicieron. El problema es que se pusieron a hablar de música y eso me lleva tres inconvenientes básicos: 1) que escuchar a mi novia hablar de música y de los recitales (conciertos) a los que fue me molesta mucho, ya que conmigo nunca quiso ir a uno y, sobre todo, no quiso ir el pasado verano a lo de los Rolling Stones que hubo en Madrid, con las escusas que ya los había vistos aquí dos veces (y, bueno, ¿dos veces sí y una tercera conmigo no?) y que la entrada salía muy cara (80.oo €, pero ella cuando fue aquí dudo mucho que la pagó menos); 2) que fundamentalmente a mi la música no me interesa, no me parece un tema de discusión y reflexión mereciente de atención, me aburre mucho; 3) que, en cualquier caso, hablaban de música argentina y yo no tengo ninguna idea, pero ni vaga, de los grupos que nombraban. Y es que tampoco el mate estaba bueno, así que varias veces salí del taller, fumé, volví para hacer fotos.

    Cuando por fin nos fuimos, yo estaba agobiado, el aburrimiento me había llevado sueño, hubiera preferido volver acá, seguir arreglando la habitación [precisamente ahora, mi novia está ocupándose de las últimas cosas], hacer algo, no sé qué, pero volver, relajarme un rato y después ver. Pero salir le había hecho bien a María Valeria, se sentía animada, las molestias casi desaparecidas, tenía ganas de dar vueltas y sus hermanos también. Fuimos a La Boca, giramos por allá, nos entretuvimos un buen rato alrededor de la Bombonera, Lautaro iba explicándome cosas de la historia y de la actualidad del estadio, bajamos, hicimos fotos, seguimos nuestro paseo por el barrio en coche, hasta nos perdimos un poquito. Dejada La Boca, fuimos a un almacén de ropa deportiva que se llama Alpargatas, para que Lautaro viera zapatos para comprarse; no encontró nada; yo vi un buzo rojo, como modelo muy parecido a lo que compré en Madrid y a lo que compré acá, y costaba 50.oo $ . . . ¡rabia! Nos movimos hasta la Costanera, dejamos el coche y fuimos en un lugar donde antes había la Escuela de Bellas Artes Superior de la Cárcova, como un parque, mucho verde, una fontana, murales, un centro cultural cerrado, girando encontramos un bar, nos sentamos, tomamos algo, Emiliano tenía hambre […]. Nos fuimos antes de las h 20.00, pagamos yo y mi novia, pero Emiliano quiso dejar propina . . . Mientras que volvíamos, nos acordamos que había de llevar el coche al mecánico, ya que tenía problemas con los frenos. […] Cuando bajamos del coche, lo dejamos al mecánico Franco y nos fuimos andando […], lo hicimos por separado, ella con sus hermanos, yo adelante, solo, fumando sin ganas. Cuando llegamos, caí en la debilidad y me dejé abrazar y convencer a estar en compañía de ellos […]. Estuvimos un rato con Emiliano y Lautaro tomando mate y comiendo facturas. Lautaro se fue enseguida, yo y su hermana cocinamos spaghetti aglio e olio para todos, me gustaron, es raro que si los hago para más gente salen bien, mientras que si los hago para mi solo me salen asquerosos. Mientras que comíamos, llegó un sms de Irina, ex-compañera de la Universidad de mi novia, que confirmaba que el Jueves a la noche podíamos ir a su casa, poniendo hora (h 21.30) y dirección (Calle Echevarría, nº 1555, II A).

    Jueves, 29 de Noviembre de 2007, h 19.46 – [Hemos ido a pesar las maletas: 23.5 kg la suya, 19.5 kg la mía; pero faltan cositas para poner, no muchas, pero todavía falta algo. También hemos tirado la basura, lo que quedaba del proceso de limpieza y control de estos últimos cinco días. Faltan pocas pinturas para tirar y unos libros para Lautaro. Emi se ha quedado con pinturas y con muchísimos libros. Yo me he quedado con unos cuantos libros y, sobre todo, con muchísimas fotos.]

    Anteayer nos despertamos a las h 10.30. Yo tenía un fuerte dolor de cabeza, que no me dejó en paz ni un segundo por todo el día. A la mañana seguimos arreglando la habitación, sabiendo que a la tarde no hubiéramos podido, en cuanto teníamos cita a las h 15.00 con Margarita para salir y también. Lautaro dijo que iba a pasar por la Capital Federal. Mi dolor de cabeza puso en duda la salida, Margarita llegó a las h 16.30 (por lo menos avisó), nos quedamos un rato charlando […].

    Salimos, vino también Emiliano, alcanzamos Plaza Francia en colectivo, pero el Museo de Bellas Artes estaba cerrado, por suerte mía, que con la cabeza a punto de explotar no tenía ningunas ganas de entrar allí. De hecho, mi cabeza no dejaba de doler, los sigarrillos de zio Giocondo empezaban a ser asquerosamente insoportables, me molestaban más de lo que me aliviaban. Fuimos al cercano Museo de la Recoleta, quedamos con Lautaro para que él y Patricia vinieran directamente allá, contestamos a un sms de Eva, ella también iba a pasar, pero más tarde. Empezamos a ver las varias exposiciones, una nos llamó la atención, habían dibujos raros, algunos muy lindos, otros menos, otros de mal gusto. La autora (que creo que fuera una chica que daba continuas vueltas en la sala) había dejado una agenda para comentarios; yo escribí “¡Mi galletita es guapísima!”, todo el mundo fue a ver, mi novia dijo «Escribió cualquier cosa» . . . Me eximo de comentarios, se juzga sola . . . Llegó Lautaro, hicimos fotos, cambiamos de sala, fuimos a una con dibujos; seguían el estilo de Tim Burton, todos lo comentamos, después llegó Pato y dijo «¡Se parece a Tim Burton!». Abrí la agenda del autor y escribí “Pato dijo «¡Se parece a Tim Burton!»”. Otra vez todos como cabras a leerlo, Pato puso una cara feísima, Margarita me impulsó a poner la cara y firmar: dos desesperadas sin sentido del humor . . . Reprochado por más lados, con la cabeza que no dejaba de doler, decidí apagarme, me até a mi novia y no dije ni hice nada más.

    Dejamos el museo pasadas las h 20.00. Decidieron ir a comer algo, Eva con nosotros, tardaron en elegir, caminamos mucho, por lo menos me despejé charlando un poco con la misma Eva. Margarita se fue con la escusa que a la mañana siguiente tenía que despertarse temprano. «No hagas la treintona que se va a dormir a las h 10.00», «Pero, ¿no cenas? ¿comerás algo antes de dormirte?». Sí, pero no con nosotros, casi una ofensa, no sirvieron mis tentativas de persuasión, dejó el grupo y se fue sin más. Los restantes, nos dirigimos hacia un restaurante que se llama El Cuartito, el lugar me gustó, la pizza no, lo dije sin temor, pero parece que no todo el mundo aprecie la sinceridad como un pregio y en Argentina la tratan casi como si fuera un defecto. A las h 21.45, mientras que comíamos, llegó un sms de Irina, que nos preguntaba por qué no ibamos a su casa . . . Habíamos quedado para ir a su casa al día siguiente . . . Controlé el sms que nos había enviado el Martes . . . No, decía que para el Miercoles, ya que el Jueves no podía Luna . . . ¡Desastre! María Valeria la llamó para explicarle el malentendido y proponerle de ir más tarde, ella se quedó mal y dijo que no, que entonces no podía, que al día siguiente tenía que despertarse temprano. Telefonó enseguida para informar que había cambiado de idea, disculpándose por haber contestado mal antes […]; así que terminamos de comer y fuimos, a Belgrano, barrio chino. Alcanzamos una calle más o menos cercana en Subte, de allí se podía ir andando, pero María Valeria decidió tomar un taxi para llegar antes: el taxi, con una escusa, dio una vuelta sin fin, tuve que ser yo en darme cuenta de que se había pasado, no porque mi novia no se hubiera dada cuenta, sino que porque no quería problemas y no quiso decirle nada al taxista . . . En el piso, segunda planta de la Calle Echeverría nº 1505, nos recibió una chica robusta, el pelo y los ojos castaños, […]. En el amplio salón del piso que comparte con otra chica, estaba también Silvina (que solo ahora entendí ser la misma que Luna, “nomme de plume” que se ha puesta sola), que estuvo en Madrid en Mayo del año pasado: la encontré diferente, siempre con esa expresión rabiosa que me impresionó negativamente la primera vez, pero mucho menos, más tranquila, a parte que fisicamente diferente, casi no la reconocí con el pelo largo hasta el cuello (cuando la vi por primera vez, lo llevaba muy corto) y . . . el culo mucho más grande . . . Estuvimos charlando, como siempre el tema central fue la situación económica del País, me aburrí, tomamos té, yo bebí mucha agua, la cabeza seguía doliéndome, pero menos. […] Dejamos su casa a la h 1.20, ella y Silvina estaban muy cansadas, nosotros tomamos un taxi, le indicamos bien por donde ir y no consiguió estafarnos. […]

    DIARIO DE ARGENTINA - Último fin de semana

    Sábado, 24 de Noviembre de 2007, h 11.28 – Ayer a la tarde fuimos a visitar a una de las amigas de mi novia, ex-compañera de la Universidad, Analía Testone. Tiene un taller de pintura en la Galería “El Viejo Correo” de la Calle Balcerce nº 1053, local 7, en San Telmo. Le llevamos unos libros que María Valeria tenía en casa y que no se puede llevar en Madrid, ahora mismo está sacándolos y dividiendo entre los que va a regalar y los pocos que nos podemos llevar. Estuvimos un par de horas charlando, hasta que llegó una alumna suya y nos fuimos a dar una vuelta. Teníamos que encontrarnos con otra, Irina, pero al final no vino y quedamos para ir a su casa, en Belgrano (Calle Etcheverría, nº 1555, II piso, puerta A), el Miercoles a la noche. […] Tomamos un té en un bar de la zona, el Los Loros, en la esquina entre la Calle Estados Unidos nº 302 y la Calle Balcarce. Compramos unos alfajores y fuimos a comerlos con Analía, quedándonos un poco más con ella. Volvimos aquí como a las h 9.00. Eva no llamó, Emiliano ya había salido, de Lautaro no hubo noticias. Buscó telefonar a su amiga Valeria Pérez, pero no le contestó. […] Esta mañana nos hemos levantado como a las h 9.00, cuando ha sonado el teléfono: ¡zio Giocondo! Solo quería charlar un rato. Hemos comprado facturas, hemos desayunado con su padre, hasta las h 11.00.

    Lunes, 26 de Noviembre de 2007, h 16.08 – Hace ya más que dos días que no escribo. […] Empezaría por poco después de escribir la última vez. Sacamos todas las cosas que habían en el armario de mi novia, libros, pinturas, ropa, cartas, postales, fotos, apuntes y más. Su padre quiere que se haga orden, que se tire lo innecesario, así que desde el Sábado a la mañana la habitación está llena de cualquier cosa. María Valeria encontró varios vestidos suyos, algunos muy lindos, otros menos, pero no un par de botas casi nuevas que dejó aquí cuando se fue. Yo he estado ayudándola, con los libros, las revistas, pero sobre todo con sus cosas personales. He tirado algunas cartas y postales, he guardado otras, le he dedicado particular atención a las fotos. Poco después (o poco antes, no estoy seguro) de comer, encontré una, de un viaje que hizo, en 2002 creo, con una amiga: un paisaje de montaña desierto, un río al lado, ella sentada, casi tirada, en una enorme piedra, desnuda desde la cintura hacia arriba . . . Me ha dicho que allí no había nadie, solo ellas dos, y quisieron hacer algo transgresivo . . . La foto la reveló su amiga . . . Imagino que el fotógrafo se guardó para si una copia y todavía ahora sigue haciéndose pajas con ella . . . . . Alrededor de las h 16.00, decidimos ir a dar una vuelta y tomar algo en un bar que nos habían aconsejado Eva y Emiliano, el Bar de los Hermanos Cao de la Avenida Independencia nº 2400: llegamos a las h 16.30, nos sirvieron a las h 17.05. Mientras tanto, yo ya no estaba en el bar. Cansado de la espera y de la actitud de los inservientes, había salido a las h 17.00. […] Fuimos a otro bar, el Café Murillo, Café de la Avenida Rivadavia nº 2501, que está en la esquina con la Calle Larrea, donde tomé un café con leche y dos facturas, atendido enseguida y servido rapídamente.

    Volvimos tarde, no hubo tiempo para hacer nada, ya que a las h 21.00 llegaron Iolanda, Karen y familia. Fue una pesadilla: toda la noche a comer y tomar y escuchar tonterías, un dolor de cabeza tremendo, con los niños que no paraban ni para escupir y gritaban y lloraban [no es esta una critica o una manera de despreciar a nadie, solo es que esa tarde no estaba predispuesto para aguantar eso, no fui capáz de disfrutar lo disfrutable, ní de apreciar la compañía]. Después de las h 22.00, llegó Eva y, al escuchar que era ella, me catapulté abajo para ir a recibirla y fumar un sigarrillo . . . ¡No hice buena impresión con eso! Pero hacía ya desde media hora que miraba a mi novia y a Emiliano buscando una salida. Eva fue otra víctima de los huéspedes de Lanús, más de una vez nos miramos a los ojos externando con la mirada la frustrada pregunta: «¿Cuando terminará esto?». Iolanda y Karen nos regalaron a María Valeria y a mi unas bufandas o algo parecido, muy lindos. Iolanda amenazó volver el Viernes . . .

    Lunes, 26 de Noviembre de 2007, h 23.10 – […] Decimos que, para confirmar que no era yo el malo que se sintió agobiado, apenas los huéspedes se fueron, María Valeria cayó sin fuerzas, se tiró en la cama de Emiliano y no fue capáz de levantarse, estando con nauseas, dolores de espalda, de cabeza, dos veces fue a vomitar . . . Inutil precisar que no salimos y Eva, ella también cansada por su pesado día, se fue para casa de su novio. […]

    María Valeria se sintió mal y hoy todavía no está recuperada. Además, para empeorar la situación, insistió en querer llevar a Paulo al Parque de la Costa. A principio tenían que ir solo ellos dos, pero se sumaron también los padres de Paulo. Yo no quería ir, demasiado estar toda la tarde con “Satanito”, pero mi novia me dijo que, al sentirse mal, me necesitaba, así que no pude decir que no. Por fin, se juntó también Emiliano. Nos fuimos de aquí a las h 15.00 y, cuando llegamos al Tigre, el sol daba fuerte. El pueblo estaba llenísimo, encontrar aparcamiento llevó su tiempito. Por fin en la puerta del parque, fuimos para pagar las entradas para todos, pero nos dijeron que por cada juego había una espera de una hora . . . La familia Olguín-Guerra-da Cruz decidió entonces deviar hacia la lancha . . . Por amor me sacrifiqué y fui, sufrí mucho, mareado y asustado, hasta cuando bajamos me costó retomar el control de mi estómago antes de una media hora. Fuimos a un bar por allá, que creo se llame Inside, tomamos algo, el niño se quedó aceptablemente tranquilo (que no significa “tranquilo”, sino que “menos jodido que de costumbre”), yo comí un waffles con dulce de leche y chocolate. La vuelta, entre doloritos varios, cansancio, más Paulo, fue horrible, una interminable marcha (en coche) hacia la ciudad, que tuvo término solo a las h 21.00.

    Habíamos quedado en salir con Eva, así que la llamamos y quedamos en ir en un bar, el Rios de España, en la Avenida de Mayo, donde ella estaba con Carolina. […] Salimos enseguida del bar, nos juntamos con [...] Marcelo y fuimos para La Americana de la Avenida Callao nº 83. Comí un par de trozos de pizza, tres empanadas y dos cervezas, hablé más que todo con mi novia, la que me quedaba sentada más cercana […] De allí, fuimos a otro bar, tomé un par de cervezas más y lo sentí, la poca costumbre a salir me hace eso. Parece que el bar fuera para gays, pero yo casi no me di cuenta, tal vez tanta es la costumbre en Madrid a los homosexuales. Volvimos con Caro, andando. […]

    Esta mañana me he despertado tres veces antes de que, a las h 11.30, nos levantáramos. Mi novia seguía mal. Llamó Margarita, quedaron para versa a la tarde. Llamó a Lautaro, quedaron para que mañana nos acompañe a llevar libros y más cosas a Analía. […] Llegamos a La Violeta, el elegante bar entre Rivadavia y Medrano, a las h 18.50, con tan solo cinco minutos de retraso, pasamos la tarde con Margarita, comimos mucho, nos fuimos a las h 22.40, con la idea de volver a verla el Miercoles.

    12/17/2007

    DIARIO DE ARGENTINA - El Tigre

    Jueves, 22 de Noviembre de 2007, h 10.46 – Ayer dejé con la ilusión de la visita al Tigre: ¡un desastre! Dificil que pudiera ir peor. Con Emiliano, llegamos a las h 14.35 a la estación de Retiro. Margarita nos alcanzó a los pocos minutos. Tomamos un tren hasta la estación Mitre y allá llegó la sorpresa: hubieramos tomado un tren turístico, “el Tren de la Costa” hasta Tigre […] y allá hubieramos hecho una visita de una hora en “lancha”. ¿Qué es una lancha? Desde meses escucho a mi novia hablar con sus amigas y sus hermanos del Tigre y del recurrido en lancha, no sabía qué es y nunca me atrevía a preguntarlo. ¡Un error! La lancha es un barquito, lo que en italiano se dice “traghetto” . . . Y yo tengo fobía de viajar en cualquier barco, como mucho podría dar un paseo con un barquito pequeño como los del Parque del Buen Retiro, pero no más. […] Nadie me habló de barcos, me dijeron de lindos paisajes, María Valeria me contó del Tigre como al parecido a Venezia, con la posibilidad (y subrayo posibilidad) de moverse en barquitos (de los pequeños supuse yo), pero se me ocultó de visitas en esos cosos. La media hora o poco más de viaje en el Tren de la Costa fue una agonía, me sentía como un condenado que espera el paso de los últimos minutos que le llevarán a la horca. Me cerré […], empezaron a agarrarme nauseas, sequedad en la garganta, acidéz, más se acercaba el Tigre más aumentaba mi miedo […]. Mi novia buscó convencerme que no hay ningún riesgo, pero no me hice persuadir. […] Emi y Marga se fueron, Valeria se quedó conmigo, sin que yo la impulsara a hacerlo. Se quedó fría y nerviosa, […] fuimos a tomar algo, yo lo necesitaba, tomé un jugo de naranja, […]. Caminamos, habían muchos puestitos de artesanía, pero la verdad es que el lugar es peqeuño y que ver hay casi nada. A las h 17.35 volvieron, a las h 18.00 legaron también Pato y Lautaro. En coche (yo en el asiento de adelante, mi novia sentada en mis piernas) fuimos para otra zona, yo estaba muy desanimado, caminamos entre el verde, el río (de un asqueroso color marrón), las lujosas villas. Fuimos a un bar por allí, tomamos cerveza, charlamos, mi novia se quedó siempre al lado mío, me reanimé un poquito. Nos fuimos pasadas las h 20.30 […].

    DIARIO DE ARGENTINA - Vuelta en San Isidro

    Miercoles, 21 de Noviembre de 2007, h 12.25 – […] Lautaro llegó a las h 11.10, tomamos el coche de su padre y, con una botella de vino como omenaje, a las h 12.30 estábamos en San Isidro. Las empanadas de Maria Rosa estaban muy buenas, María Valeria comió cinco, Lautaro nueve, yo no sé, perdí la cuenta, comí lo más que pude para que no tuviera que comer más mi novia. También comí un churrasquito, vino a go-go, un pedazo de tarta, sin parar. […] Estaba el mismo grupo de la otra vez: zio Giocondo, zia Carmela, Virginia (no se levantó de la mesa ni un segundo, todo el tiempo comiedo), Maria Rosa; Rodrigo no comió con nosotros y tampoco Juan, el hijo de Maria Rosa que la otra vez estaba enfermo; se quedó solo un rato la otra hija de Virginia, que no me acuerdo como se llama […] Me llenaron de regalos: un jeans negro Lewi’s, una camiseta que mi tío se compró y nunca usó, un par de calcetines, un cinturón (desde anoche no encuentro el otro, lo que me compré hace unos meses en Madrid); a María Valeria una camiseta negra; también volvimos en Buenos Aires con dos botellas de vino (una de las dos la regalé a Lautaro), una camisa que tendré que llevar a zio Antonio en Alemania y unos jazmines que zio Giocondo cortó en su jardín para regalarlos a mi novia; además, nos hicieron llevar las empanadas que quedaron (porque hasta quedaron unas cuantas . . .), que llevamos a la noche a la fiesta de cumple de Marcelo.

    A las h 16.30 estábamos en Martínez, en casa de zia Filomena. La señora tiene 86 años, pero parece tener treinta menos por su espíritu: se la pasó todo el tiempo riendo, contando cosas en un italiano dialectal mezclado con rioplatense. Vino una amiga suya portuguesa, fue divertido verlas hablar, una en portugués y la otra en italiano, entendiéndose todo entre ellas . . . A mi me costaba mucho entenderlas. Desde el principio estuvieron las hijas Velia y Olimpia, con el marido César. Después, llegaron también las hijas de Olimpia, Gabriela (linda, pero se puso con una cara larga de aburrida que no pudo hacerme gracia) y Estefanía, vuelta del trabajo, más gordita de como la vi en fotos […]. Después llegó otra nieta de zia Filomena, no sé hija de quien, creo que se llame Marcela, con dos hijos pequeños, uno está estudiando en una escluela italiana, la otra tiene solo un año, rubiecita, ella la llama “la belva”, porque no para de comer, se tomó (en la botellita para la leche) Pepsi-Cola y se comió una factura y media . . . La madre se la veía estresadísima, dijo ser divorciada y la cosa no me sorprendió nada, no me quiero imaginar como es cuando se enfada . . .

    Nos fuimos a las h 19.30. A las h 23.00 estábamos en casa de Marcelo. Había bastante gente. Tomamos cerveza en unas tazitas, ya que los vasos había terminado, fumé más de lo debido. Charlé un rato con Carolina, después conocí una amiga de Eva, que mi novia también conoce, que hace de quía turística en el Cementerio de la Recoleta: simpática, gentíl, despierta, agradable. Hicimos varias fotos, nos sentamos en el suelo en la puerta de la terraza, no nos aburrimos. […] Antes de las h 2.00, se fue todo el mundo. Nosotros fuimos los últimos, volvimos en taxi, juntos con Caro. […] A las h 14.30 tenemos cita con Margarita en la estación de Retiro para ir al Tigre. A la tarde, nos alcanzará también Lautaro.

    12/14/2007

    DIARIO DE ARGENTINA - Mataderos

    Lunes, 19 de Noviembre de 2007, h 21.00 – Esta tarde, alrededor de las h 16.00, yo y María Valeria estábamos en la Calle Gascón, recién salidos del Café Toñitos, cuando me alejéde mi novia para sacar unas fotos. Solo unos segundos, me volví, fui para acercarme, María Valeria me dijo «¡Amor! No sabes lo que me pasó . . .»: había pasado un taxi, el taxista la había mirada y había comentado «¡Qué pechos, mamá!» . . . . .

    Los últimos dos días han sido un conjunto de sensaciones contradictorias. Ayer a la mañana no tenía ningunas ganas de ir a Mataderos, pero por fin me hice convencer, fuimos y lo pasé bien. Se trata de una feria de productos de varia tipología, desde comida a ropa hasta objetos de cualquier especie. Llegamos a las h 15.20, había gente, pero no muchísima, hacía calor, pero a cierto punto llovió, solo unos cinco minutos, pero lo suficiente para que el clima no se hiciera insoportable. Paulo cabalgó un pony, le hicimos fotos, así como hicimos fotos con una llegua, un animal que nunca había visto en vivo, pero que he visto tantas veces en televisión y en foto que su presencia me salió casi familiar. Comimos allí, pan con carne. Compré una botellita muy pequeña de licor de dulce de leche, compramos pan casero (no me gustó), me compré un anillo de plata y le compré uno a María Valeria […], lo que llevó a Paulo a decir «Entonces, ahora están casados». Busqué ponchos, pero los precios eran altísimos también allí, tipo 300.oo $ el más barato hasta los 700.oo $ o más. Excluidos los “buenos”, me reanimé cuando mi novia fue a preguntar por otros, no hachos artesanalmente, no pesados, pero lindos. Elegimos juntos uno, lo pagué 43.oo $.

    Volvimos alrededor de las h 18.00, así que a las h 20.00 salimos con Eva y Carolina por Palermo. Bajamos del colectivo en la Calle Niceto Vega […]. Fuimos a tomar una cerveza (solo mi novia tomó un liquado) y patatas fritas (María Valeria no las comió, pero después, en otro lado, comió una pizza pequeñita) en un bar en la esquina entre la Calle Malaba y la Calle Costa Rica, el Janio, charlamos mucho, hicimos fotos, estuvimos bien. Después fuimos a otro bar. […] Nos quedamos allí un rato más a tomar otra cerveza y otras patatitas (estas de bolsa), acabamos hablando de la condición del País, de la crísis económica, etc, lo que a cierto punto me aburrió. Regresamos a las h 24.30, acompañados por Carolina, que vive cerca de aquí. […]

    Esta mañana, al despertarnos, a las h 9.30 […]. Recurrimos, bajo 35 ºC de sol, la Calle de Acuña Figueroa, hasta llegar al lugar que estuvo por unos años alquilado como anexo de su Universidad. Allí estudió todo el primer año y parte del segundo. Se presentaba con una saracinesca (no creo que se diga así, pero ahora no me acuerdo como es la palabra en castellano) grande, cerrada; había una puerta al lado, abierta . . . entré un rato, miré, hice una foto y salí; después, mientras que Valeria me comentaba, salieron unos hombres, uno con chaqueta nos miró medio raro, preguntamos que hay allá, dijo que nada, le explicamos que allí, hace muchos años, había una escuela de Bellas Artes. El lugar se veía como un garage grande, pero tampoco tanto; se enterveía una segunda habitación; mi novia me explicó que hay también una planta superior […]. Seguimos, de paso me enseñó un consultorio del Hospital Italiano de Buenos Aires, una sección destacada de “su hospital”. […]. Tomamos algo en el cercano Pizza & Café Minutas Toñito, que hace esquina con la Avenida de Díaz Veloz, la que lleva al Parque Centenario, lejano unos díez minutos yendo para la derecha. Al salir pasó lo del taxista. Volvimos a la Calle de Acuña de Figueroa, el Hospital Italiano empieza en una esquina, está encerrado no en una frágil red metálica como pensaba yo, sino que en una resistente serie de astas de ácero puestas en vertical, altas dos metros cada una, todas muy cercanas, todas termininantes con una punta . . . En orizonal solo dos astas más, que para pasar al otro lado habrá que hacer una notable fatiga, a parte que arriesgarse a matarse con las puntas. […] Enseguida, me mostró, en la misma calle, donde estudió el primer año de la primaria, en 1983, ya que entonces vivían cerca, en la Avenida Medrano, al nº 610, antes al 4º piso, después al 10º. […]

    DIARIO DE ARGENTINA - Palermo

    Sábado, 17 de Noviembre de 2007, h 18.05 – Ayer quedé con zio Giocondo y con Liliana para que los vaya a visitar el Martes. Me siento mucho mejor, casi desapareció mi gripe, en Buenos Aires ha vuelto la Primavera. Mi gira de la ciudad hizo ayer etapa en Palermo. Salimos bastante tarde, después de desayunar tranquilamente (estamos tomando bastante mate y menos café, eso me gusta), estuvimos dando vuelta, parando a menudo en tiendas para ver buzos para mi. No encontré nada que me convenciera y acabé a la tarde, comprando lo que vi el Martes en el Spinetto, el centro comercial cerca de casa de mi novia, pagándolo 90.oo $. En Palermo caminamos mucho, pasamos a ver desde fuera el edificio donde vivió Valeria, en la Calle Arenales, no sé a qué número, ella no se acuerda, vivía en el 7º piso, la puerta C, hice fotos de la entrada. Pronto mi novia sintió la consueta necesidad incontrolable de ir al baño, así que fuimos al centro commercial Alto Palermo, casi solo para que hiciera eso. También le dio hambre temprano, ya a las h 12.00 decía de comprar algo por el camino, así que fuimos a almorzar por allá, al Ña Serapia, una pulpería donde hacen comida regional de Salta, en la Calle Las Heras. Yo comí cuatro empanadas, María Valeria una empanada y una humita, acompañando todo con una jarrita de vino. Las empanadas eran pequeñas, por eso comí tantas, a mi no me convencieron del todo, a mi novia le gustaron más; el vino no estaba mal, un tinto poco denso, pero con buen gusto. Seguimos viendo el barrio, la comida y el vino me llevaron sueño, pero eso no nos impidió de ir al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires “Malba”, en la Avenida Figueroa Alcorta nº 3415: bastante mal la expo, habían un par de cosas buenas, lo demás para tirar. Seguimos pasando por un bosque chino . . . y por el jardín zoológico, pero sin entrar, mientras que sí entramos en el jardín botánico, donde nos tiramos en un banquillo y descansamos un rato. María Valeria hubiera querido seguir, pero yo estaba dormido y volvimos. Después de comprar el buzo, fui a cortarme el pelo, no lo hacía desde el 13 de Julio, yendo en un lugar peruano de la Calle Moreno: ¡malísimo! Ya me daba desconfianza (desde que pasó lo de Chile, la gente de rasgos tipicamente suramericanos no me gusta), sea la gente que el lugar, pero el desastre fue en la práctica, ya que el corte de pelo no me convence para nada. Le había dicho de cortar poco atrás, especificando que cortara solo las puntas y solo si las viera rotas, mientras que la tipa cortó todo. Si el padre de mi novia dijo que está bueno y queda más prolijo (lo que no es necesariamente positivo), María Valeria y Lautaro dijeron que «[…] no está tan mal» . . . No tan mal, pero sí mal . . . Solo Patricia afirmó convenciada que le gusta.

    A la noche fuimos con toda la familia, más yo y Pato, a comer pizza en El Güerrín de la Calle Corrientes, pizza bastante mala y muy cara (dos pizzas, una botella de Pepsi-Cola y una de agua pequeñas y tres botellas de cerveza = 105.oo $, que pagaron a mitad María Valeria y su padre, que quiso dejar también 15.oo $ de propina, una locura), comí poco, salimos alrededor de la medianoche y caminamos hasta el fondo de la calle, hasta el obelisco. […] El primer lugar donde querían ir estaba cerrado, así que Emiliano propuso La Cigale de la Calle 25 de Mayo. Tomamos una cerveza cada uno[…], sustancialmente puedo decir que no lo pasé mal, el lugar estaba bonito, buena música, poco bailable y a volumen moderado, tal vez un poco elitario viendo los precios. Salimos a las h 2.30 y Lautaro nos acompañó en coche (su padre se lo había dejado y había vuelto con esposa e hijo en taxi) hasta la Calle Niceto Vega . . . el ex Paraiva, actual Foynes. El bar brasileño donde mi actual novia pasó una entera noche en Marzo de 2005, yendo allí por cuarta vez en cuatro meses, acompañada esta vez por Eva Lamborghini y amigas […] Estaba muy tenso. Pagué la entrada de 5.oo $ cada uno (en realidad, no se paga entrada, pero es obligatoria una cosumición), nos sentamos en una mesa, Valeria no bebió, lo hicimos solo yo y Emiliano. Me dijeron que el lugar estaba cambiado, obra de la nueva propiedad, ahora es más grande y más arreglado. No me gustó, es probable que fuera imposible que me gustara. Emiliano se fue […] en un bar cerca. Yo terminé mi cerveza y salimos. […] Regresamos en taxi, alrededor de la h 4.30 de la madrugada. Esta mañana nos hemos levantado a las h 12.00, solo hemos salido un rato para ir al locutorio y para ir a pesarnos, averiguando que, en los últimos cuatro días, yo he perdido un kg […]

    Domingo, 18 de Noviembre de 2007, h 12.22 – Acabo de despertarme, María Valeria todavía duerme, aquí a mi lado. Anoche llegamos al piso del novio […] de Eva, en la planta baja de la Calle Venezuela nº 1460, a las h 22.30. Un piso pequeño, parecido al mío, tal vez un poco más grande, con la habitación con la cama separada y una terracita llena de plantas. Al centro del saloncito, reina un sofá, el sofá cama que estuvo en el piso de Valeria . . . El novio de Eva es tipo particular: bajito, pelo corto (se lo suele cortar solo), barba folta, sonrisa siempre presente, modales simples, relax total. Nos sentamos, yo me rechazé sentarme en ese sofá-cama. Tomamos una primera cerveza (nosotros llevamos dos), ordenamos empanadas y pizza, charlamos, a principio a mi me costó, estuve muy callado, sentía sueño y me dolía mucho la columna vertebral, a la altura de donde Paulo me golpeó. Llegaron también dos amigos más de ellos, primero una chica, no entendí si se llama Carla o Carol o como, después un chico, me parece que de nombre Matías. […] Con ella y con Eva charlé más, saliendo un par de veces en la terraza a fumar un sigarrillo, comiendo mis dos empanadas y un trocito muy pequeño de pizza. Decidimos salir al llegar la h 1.00. […] Acompañamos a los otros (que, abandonada la idea de ir a una fiesta en casa de una amiga de una amiga, en La Boca, habían decidido ir en un boliche de nombre Cocoliche, disco con música techno, pero al final parece que no iban a ir tampoco allá) hasta la Avenida de Mayo y allí los dejamos yo, Valeria y Emiliano. María Valeria propuso de pasar un rato al Maluco Beleza, ya que la Calle Sarmiento quedaba cercana, solo un poco para que yo pudiera verlo. Emiliano aceptó, yo y mi novia dividimos la espesa para entrar (20.oo $ las chicas, 25.oo $ los chicos, copa incluida para todos). Dimos una vuelta por la disco. Nada más entrar se presentaba la barra, más pequeña de lo que parecía en foto […]. Bailamos, tuve la sensación clara que Emiliano se aburrió. Había muchas chicas guapas. También un travesti que bailaba exagerado. Tomamos una cerveza cada uno yo y Emi, Valeria una Sprite. […] Saludado Emiliano, fuimos a sentarnos en un sofá de la planta de arriba, nos quedamos un rato y salimos […]. A principio anduvimos a píe, paramos a mirar la entrada de un bar donde parece que las camareras van en lingerie . . . queríamos entrar para reirnos un poco, pero había que pagar consumición, el Sábado a la noche más cara que otros días. María Valeria propuso de volver otro día, tal vez juntos con Emi o con su padre. Se compró en un kiosco una botellita de agua y un snack de cereales y fruta, caminamos un poco más y tomamos un taxi hasta la Avenida Catamarca. […] Volvimos a su casa […].

    12/13/2007

    DIARIO DE ARGENTINA - La Boca

    Martes, 13 de Noviembre de 2007, h 19.35 – El mal tiempo ha atado Buenos Aires por toda la mañana. Hemos desayunado mate con facturas, Emiliano nos ha acompañado. Hemos almorzado tranquilos. [...] A la tarde hemos salido. Primero hemos pasado por el centro comercial para hacer una recarga al móvil. Después, siempre acompañados por Emiliano (que hoy tenía examen, pero no se ha sentido listo para ir), hemos recurrido la ciudad, parando en una tienda de ropa para ver una chaqueta de piel. […] También esta tarde hemos visto un poncho, en la Casa de Catamarca, tienda de la Cooperativa de Trabajo “Huayra Huasi”, Avenida de Córdoba nº 2080; allí el problema es que el más barato sale 700.oo $ . . . De allí, hemos ido en la Avenida Santa Fé nº 1860, a La Imprenta – Café y Letras, un ex teatro que ahora es un centro cultural, con una librería donde se pueden sacar los libros y leerlos en la cafetería interior al lugar. Hemos seguido hacia la que fue la Universidad de María Valeria, en la Avenida Las Heras, que ahora es Decanato y centro cultural. Es siempre de la Facultad de Bellas Artes “Pridiliano Puyerredon”, porque la familia que vendió el edificio pretendió que a eso fuera dedicado, pero está medio decaida, a parte que me daría algo de pereza estudiar en ese lugar que sabe mucho a museo. […] Hemos ido hacia Plaza Francia, donde hay una iglesia que fue sujeto de una de sus pinturas que más me gusta. Hemos ido al interior del centro cultural que hay al lado, ha sido agradable, hemos hecho muchas fotos. No he querido entrar en el cercano Cementerio de la Recoleta: que sus huéspedes descansen en paz, sin que vayamos nosotros a molestarlos.

    Jueves, 15 de Noviembre de 2007, h 12.15 - ¡Estoy resfriado! De vacaciones, en un emisferio donde es Primavera, pero resfriado. Es una locura, esta ciudad es . . . . . Esperaba que el frío del fin de semana hubiera pasado. Lunes y Martes fueron alternos, los veía como últimos fuegos del Invierno pasado. Pero no: Miercoles fue terrible, helado desde la mañana hasta la noche. Y nosotros por la calle todo el día . . . Primero fuimos al locutorio chino de la Avenida Jujuy. Allí averigué que desde el taller no habían llegado noticias. La decisión de dejarlo parece tomada. Mientras buscaba mandar una fotos a mi madre por e-mail (finalmente, no lo conseguí), María Valeria averiguaba por un posible viaje a las cataratas del Iguazú. El Martes a la noche su padre nos había aconsejado, hablando de esas cataratas como de un espectáculo inegualable, sobre todo para los europeos, recordando a su hija que, si ella tendrá otras oportunidades para verlas, Mario quien sabe . . . Pero vimos que está todo bastante caro y María Valeria no está muy entusiasmada, prefiere ahorrar para los viajes del año que viene y disfrutar de Buenos Aires ahora. Por mi parte, ocasiones así no las desperdiciaría, pero también tendría en cuenta otras cosas: 1) Buenos Aires es grande, hay que visitarla y, ya así, dudo que la veremos toda y también que la veremos lo suficiente; 2) primer objetivo de este viaje es que María Valeria esté con su familia, los paseos vienen muy después, así como yo hago solo de acompañante y no “tengo” que ver cosas o hacer necesariamente el turista; 3) el factor económico no hay que olvidarlo nunca y, entonces, razonar por prioridades (por ejemplo: ¿mejor las cataratas de Iguazú + Montevideo hoy o Italia + París + Londres + Lisboa mañana?); 4) es capáz que Mario tenga más oportunidades de María Valeria (si no por nada, por lo menos por la edad) de visitar en el futuro las cataratas del Iguazú; 5) después de la experiencia en Chile, herida que todavía duele, en este momento no tengo muchas ganas de viajar. Salidos del chino alrededor de las h 11.30, fuimos al Beware Leather Factory, en la Calle Venezuela nº 2075, una fábrica de ropa de cuero que nos había aconsejado el padre de mi novia. Nos atendió una chica de origen italiano con un culo enorme, pero realmente enorme, que fue muy gentíl y nos mostró varios productos para que yo me hiciera una idea. Una campera de cuero me llamó la atención: parecía adecuarse a mis gustos, larga casi hasta las rodillas, más pesada que la otra, en el sentido de más calurosa, pero también más rígida, la otra la sentía bajar más. […] Me hice dejar una tarjeta, casi convencido, me dijeron que hubieran cerrado a las h 6.30. A la vuelta, quedamos con Dulci para que a la noche cocináramos yo y María Valeria algun plato con pasta italiana. […]

    Para almorzar nos fuimos a La Boca. En media hora poco más, un colectivo nos llevó en ese barrio que, después de dos semanas acá, todavía no conocía. Cuando llegamos a la terminal, no estábamos donde mi novia creía, sino que en una zona de La Boca semidesierta, un barrio popular, con niños, ancianos, vida pobre. Mi novia estaba casi espantada, le agarró una media crísis de pánico. Yo me movía tranquilo, no veía el riesgo. Le dije a mi novia, que desesperada buscaba una salida en el callejero, «Bueno, querías llevarme a ver un barrio típico, aquí estamos». Recurriendo la Calle Suarez en dirección sur, llegamos sin dificultades a Caminito, donde realmente mi novia quería llevarme. Pasando, vimos los antiguos puentes, así como la Bombonera, decisamente fea exteriormente. Caminito es la zona turísitca de La Boca, la de los colores vivaces, le que se ve en los documentales. Pero se encierra en tres o cuatro calles y stop. Lo demás es ruina. Pasamos al lado del riachuelo, vimos los últimos barcos, estaba uno abandonado. Si esa zona fuera más y mejor cuidada, sería una joya. Así es casi nada, un lugar donde ir una vez y nunca más. Pasando hambrientos por una de las calles, nos hicimos convencer por uno de los chicos que nos invitaban en su restaurante, el Gitanos, Calle Del Valle Iberlucea nº 1239. Allí yo tomé una milanesa con papas fritas y una cerveza, mientras que mi novia un plato de pasta y agua para beber. Total: 72.oo $ . . . Pasamos las primeras horas de la tarde paseando por las callecitas y las tiendas, llenas de turistas, no me gustaron […], es una ofensa a La Boca misma, un barrio que podría ser mucho mejor porque potencial tiene. El frío era tajante, así que nos dirigimos a un bar que ella conoce, donde dice que iba bastante a menudo, ya que precisamente en La Boca participò a varios talleres y precisamente en La Boca hizo una exposición colectiva. El bar estaba efectivamente lindo, me impresionó por un detalle no material: nos pusimos al lado de la ventana, desde donde se veía la calle, los turistas etc. Dentro era otro mundo, poca gente y palesemente del lugar, parecía que ese vidrio dividiera dos dimensiones paralelas. Yo tomé un café con leche, bastante malo, María Valeria un té. […] Del bar fuimos a ver una exposición en el Museo de Bellas Artes de La Boca “Benito Quinquela Martín”. De la expo volvimos, esta vez tomando el autobus bueno que nos llevó donde queríamos. […] Lo primero que hicimos fue volver en casa, tomar el dinero e ir a por la chaqueta de cuero, que acabé pagando 474.oo $. Directos, pasamos por tiendas para comprar lo necesario para la comida. En casa no había nadie, primera en llegar fue Eva, cuando ya habíamos empezado a cocinar. Tomamos un poco de cola de mono. Fueron llegando todos los demás, es decir Emi, Dulci, Paulo y su padre. […] Durante de la cena participé bastante poco, con el paso de los minutos iba sintiéndome siempre peor . . . . . […]

    12/12/2007

    DIARIO DE ARGENTINA - Santiago de Chile

    Viernes, 9 de Noviembre de 2007, h 17.43 – […] Preveía un capítulo de este diarío con como titular “Santiago de Chile” y lo pongo igualmente. Ayer a la mañana, yo y María Valeria nos despertamos temprano, desayunamos, telefonamos a Eva Lamborghini. La encontramos en un bar: bajita, el pelo liso y muy largo, […] muy parecida a su hermana Flavia […], por voz y manera de hablar idéntica. Tomamos un café con leche, charlamos mucho. Le hablamos de nosotros y ella nos habló de si, de su vida, de sus estudios recién terminados, de que da clases y de que entre finales de Noviembre y primeros de Diciembre presentará su primer libro de poesías […]. Volvimos andando, pasando por tiendas, me compré un marsupio de marca Kappa, 20.oo $. Volvimos, almorzamos, terminamos de preparar las mochilas. Esperábamos a Lautaro para las h 15.00, pero vino a las h 16.30, así que preferimos hacer el check-in por Internet para ganar tiempo. […]

    Tuvimos que pagar una imprevista tasa de unos 113.oo $ entre los dos y eso no nos hizo ninguna gracia; nos explicaron que se trata de una integración al billete, pero no quedamos convencidos. El avión hacia Santiago salió en horario, a las h 18.15, nos dieron la merienda y hasta había una televisión por cada asiento. Convenimos en que era el mejor avión de los que habíamos tomado hasta entonces. […] A los pocos minutos me levanté y fui al baño para fumar un sigarrillo. Lo fumé mitad, tirando la otra parte cuando alguien buscó entrar. Salí y me encontré una azafata enfrente, que se dio cuenta de que había fumado: me preguntó si lo había hecho, le dije que no, ella dijo que había olor a humo, dije que tal vez había fumado la persona que estuvo antes en el baño, pero una señora, una pasaje, olio el humo salir de mi boca al hablar y me jodió . . . Enseguida vino otra a interrogarme, a explicarme que la mía había sido una falta muy grave, preguntando si lo había tirado en la papelera o en la taza, que había el riesgo que el avión pudiera incendiarse y explotar (sí, dijo eso . . .). No fui muy disponible, pero contesté relajadamente. Me mentalizé a que me hubieran hecho una multa y me quedé tranquilo. Después vino otro, que me pidió mi nombre; yo le pregunté porqué quería saberlo y, ya que él no sabía para que sus jefes lo querían, lo invité a ir a preguntar y volver. No volvió. Cuando fuimos para salir, no me lo permitieron. Fui detenido por la policía del avión, que llamó a la policía del aeropuerto, que llamó a la policía internacional. En el avión me quitaron el pasaporte y eso me hizo poner muy nervioso, pedí que me lo devolvieran, ataqué con palabras al policía que me controlaba y hasta le amenazé diciéndole que le hubiera ido a buscar afuera al terminar todo eso. ¡Nunca llegué afuera! Nos llevaron en el aeropuerto, llegó la tía de María Valeria, que trabaja allá, precisamente por LAN Chile (¿no podía hacer nada para sacarme?) y dijo conocer al capitán del avión, su antiguo compañero, comunicándonos esa noticia no como algo positivo, sino como a subrayar que se trata de un hijo de puta, y enseguida la ya citada policía internacional. Me hicieron entrar en las oficinas, solo, yo estaba algo agitado, así que me intimaron de tranquilizarme si no quería pasar la noche en la carcel. Repasaron mis datos, me pidieron de donde venía, donde iba a ir y donde hubiera ido al dejar Santiago. Me pasaron a otra oficina, controlado por cuatro policías. Cuando me sacaron, solo tuve el tiempo de darle a María Valeria el pasaporte y el billete de vuelta, un beso y me subieron a otro avión, de vuelta a Buenos Aires. […]

    Llegué a Ezeiza pasada la medianoche, Lautaro y Patricia, medios asustados, habían vuelto atrás corriendo para venir a buscarme. Me llevaron acá, estaba Emiliano esperando, se levantó también su padre, todo dormido. Me dieron un té, hablamos de lo que había pasado, me hicieron fuerza, llamamos a Chile, para que hablara con María Valeria: estaba enfadada, djo que al no reaccionar mal me hubiera salido con una multa y ya, pero yo no creo; el enfado se contrapuso a cierta (un poquito poquito) dolzura, me dijo que me quiere, colgué le teléfono y rompí a llorar.

    12/11/2007

    DIARIO DE ARGENTINA - San Isidro

    Viernes, 9 de Noviembre de 2007, h 16.19 – […] Martes en San Isidro. Nos encontramos en la estación de trenes con Lautaro y fuimos para la casa de zio Giocondo. Lo vi al bajar, me miraba con cara sonriente y maravillada: bajito, en blue-jeans, camisa abierta, gorrito en la cabeza. Saludé a él por último, después que a sus hijas Virginia y María Rosa (no sé porqué, pero por la voz me la esperaba gordita, mientras que es muy delgada), a su mujer Carmela, al hijo de Virginia, Rodrigo, y a su novia. El tío me secuestró enseguida, me llevó en el jardín en donde estaba haciedo el asado, mientras que los otros se quedaron en la cocina. De vez en cuando venían Lautaro, María Rosa, María Valeria, hacían fotos, filmaban. Zio Giocondo es vitál, simpático, directo, listo, me impresionó mucho ese viejito de 79 años que come como los demás, bebe vino (con moderación), fuma, se pelea con su mujer y sus hijas, pero en un contexto de relajación y amabilidad. Hablamos mucho, me contó de él, de mi abuelo, de lo que se acuerda de mi. Comimos, mucho y bien, a pesar de que preferí el asado de Lanús. A mi y a Lautaro, los delgaditos, nos llenaron, llevándonos carne sin parar. A cierto punto empecé a tomar Coca Cola, ya que con el vino me estaba dando sueño. Lautaro y María Valeria se integraron y lo pasaron bien, mientras que yo estaba más que todo con el tío. Varias veces buscamos telefonar a mis padres, pero los encontramos solo a la tarde. […] A la noche estábamos tan llenos y cansados de no haber hecho nada, que no nos dio ganas ni de comer, obviamente, ni de nada de nada. A medianoche yo ya dormía.

    Decidimos pasar la mañana del Miercoles tranquilamente. A las h 12.45 María Valeria se fue al gimnasio, yo no quise ir, la acompañé y fui a dar una vuelta. […] A las h 18.30 nos encontramos en un bar con Margarita, estuvimos bien, comimos mucho, hice fotos […]; nos fuimos a las h 22.30 de allí, esperamos a que llegara el autobus de Margarita y fuimos a ver el lugar donde estaba la pizzería donde Valeria trabajó, sin encontrar dicha pizzería, sustituida por otras cosas; volvimos en taxi, ya que llovía.

    DIARIO DE ARGENTINA - Llegada en Buenos Aires

    Domingo, 4 de Noviembre de 2007, h 19.50 – Estoy aquí, por fin en Argentina, Avenida Belgrano, nº 2000 y no sé cuanto, piso 8 (OCHO), puerta P, casa del papá de María Valeria. He pasado el Atlántico, lejos está Europa. […]

    Empezamos por donde lo había dejado. Llegamos bien a Brasil, solo muy cansados por el viaje, muy largo y en un avión incómodo. En Sao Paulo nos quedamos una hora más de lo debido, pero no nos dio tiempo casi para nada, ya que debimos pasar un largo control y después casi nos perdimos en el aeropuerto. […] El vuelo con la T.A.M. fue rápido y hasta comimos bien. Llegamos al Aeropuerto “Ministro Pistarini” de Ezeiza, hicimos el visado, fuimos a esperar las maletas y . . . las primeras voces que escuché en Argentina fueron de turistas italianos . . . Bueno, seguimos. Salimos, mano en la mano, y vimos en lo alto a Lautaro haciéndonos una foto. Bajaron él y su padre. Lautaro fue a saludar calurosamente a su hermana, yo me dirigí hacia su padre, que saludé estrechándole la mano. Los dos fueron hospitales y directos, sencillos, gentiles. El coche lo condució Lautaro, mietras que su padre se durmió en el camino. Al primer impacto, Buenos Aires me recordó muchísimo Napoli, por el desorden, la mala educación, la suciedad y el descuido. Llegamos a su casa, Lautaro me enseñó el piso entero: los tres dormitorios, los dos baños, la cocina, la terraza, la habitación donde Emiliano toca. Nos acomodaron el la pieza de Paulo, que es la que fue de Valeria. […] Apenas llegados, almorzamos: arróz amarillo, ensalada, carne, la famosa carne argentina. A principio, su padre estaba indecidido sobre si hablarme o no, ya que a veces lo hacía, a veces le decía a María Valeria «Preguntale a Mario (…)». Después, mientras que Lautaro se preparaba para irse a la Universidad y María Valeria y su padre hablaban en la habitación, alguien abrió la puerta y entró: ¡Emiliano! Nos miramos los dos sorprendidos, pero enseguida nos retomamos y nos saludamos. Más tarde llegó también Dulci, más guapa y juveníl de lo que parecía en foto. Lo que más me daba miedo era Paulo. Nunca he tenido éxito con los niños, los aguanto poco. Llegó de la escuela, saludó a su hermana distraidamente y, empujado por su madre, vino a por mi y me dio un beso. María Valeria le enseñó su regalo y yo también le di los míos […] Sentí de haber tenido éxito.

    A la noche salimos, fuimos a la Costa Negra, un oscuro paseo con mucho verde y con algo que parece más un pantano que un río, donde comimos choripan, es decir nada del otro mundo sino que simple carne con pan, pero carne digna de su reputación, y tomamos una cerveza. Yo estaba cansadísimo, a ratos me parecía que me iba a desmayar, pero en el coche (el padre de mi novia nos llevó a dar una vuelta por la ciudad) fue Paulo quien me mantuvo despierto, todo el tiempo piediendo jugar. El niño es tremendo, eso es indudable, pero es bueno, no es el típico niño inchapelotas insoportable. Nos acostamos como a medianoche y media […], con dos colchones pequeños en el suelo.

    Cuando nos despertamos, los dos juntos, desde la vecina ventana venía un sol fuerte, de plena mañana. Miré el reloj: las h 6.30 . . . No me lo podía creer y de hecho estuve pensando que mi reloj se había parado o algo así. Venía de un viaje absurdo y no tenía sueño para nada, ese sol que en Madrid sale como muy pronto a las h 8.00 . . . Tardamos, los dos, un buen rato para darnos cuenta de que se trataba de una broma del jet-lag y de que aquí el sol sale más temprano. “Repetimos”, nos quedamos un rato en la cama, María Valeria me enseñó sus fotos de toda la vida: ¡ha sido siempre hermosísima, desde que nació, sin desflorecer ni un día! Desayunamos todos juntos (el famoso café brasileño que hizo Dulci no me gustó nada), ya que el padre no trabajaba y Paulo no tenía escuela, solo Emiliano se despertó a las h 12.00 y se fue a clase enseguida, sin que lo vieramos. Fuimos a hacer la compra (María Valeria me dio 5.oo $, en la espera de que mañana abran los bancos y podamos ir a cambiar los euritos) y a la vuelta almorzamos, una rica comida a base de arróz, carne y más carne. […]

    A la tarde habíamos quedado con Margarita para recurrir la reserva ecológica de la Costa Negra. El recurrido no lo hicimos si no solo muy parcialmente por causa del fuerte viento que de repenta envolvió la ciudad, pero conocí a Margarita en persona, por fin. Tomamos mate, charlamos mucho los tres, empezamos a ver un espectáculo semi-teatral en memoria de los desaparecidos, pero nos ganó el frío, así que fuimos a un bar. [Pasamos un buen rato en ese bar del barrio de San Telmo; después Margarita se fue y nosotros pasamos por otro bar, antes de volver.]

    Viernes, 9 de Noviembre de 2007, h 12.59 – […] Domingo nos despertamos a las h 9.30, desayunamos y a las h 12.00 nos fuimos, familia al completo ecepto Lautaro, a Lanús, a comer en casa de Iolanda, amiga de familia chilena, madre de Karen, antigua compañera de salidas […] Igualmente, fui recibido muy muy bien por todos, desde la dueña […] a la hija y su compañero (que tendrá por lo menos quince años más que ella), al hijo Elson con familia (esposa Flavia y un niño). Mi primer asado fue a la altura de las espectativas, todo el mundo me buscaba y me hacía sentir cómodo, tomé vino (el padre de María Valeria no dejaba que se me vaciara el vaso que ya me lo volvía a llenar), fumé mucho, me hicieron hacer fotos “haciendo” el asado (una imagen muy improbable, la mía bien vestido – por lo menos me quieté la camisa blanca – frente a la parrilla). Las imagenes mejores fueron dos: 1) poco antes de comer, el primer hijo de Karen, Federico, se me acercó, me llamó «¡Maio!», me dio un beso y me preguntó «¿jugamos a la pelota?» . . . ¡Lindísimo! 2) nada más que llegar, María Valeria se entretuvo un ratito a charlar en la cocina con la tía Iolanda y la prima Karen, yo allá, con Iolanda que dijo a Valeria algo como «Yo te lo había siempre dicho de encontrarte un novio lindo» y yo que contesté «Sí, no como esos de antes . . .». Volvimos en Buenos Aires al anochecer, llenísimos de comida, todos cansados menos Paulo, pesado por el viaje entero. Eso no nos impidió de salir. […] Caminamos un poco, también estaban Emiliano y su padre, y, después de dar vueltas por una hora o más, nos asentamos en una terraza por donde ya habíamos estado a la tarde anterior, tomando una cerveza y mirando gente bailar tango y música folklórica popular.

    Viernes, 9 de Noviembre de 2007, h 14.45 – […] ¡Lunes de turistas! Nos despertamos a las h 7.30, el jet-lag no perdona, desayunamos y salimos, por la misma zona que a la noche anterior. Lo primero que hicimos al salir del Subte fue buscar una casa de cambio. Evaluamos unas, escogiendo la económicamente más conveniente, la CAMBIO INTERNACIONAL S.A. de la Calle de San Martín nº 367. […] De allí, paseamos por la Calle Florida, parando por primera vez en el nº 401/409, donde está el Mega Sports, una tienda de ropa deportiva en donde me compré una camiseta de la selección de fútbol argentina. Emiliano me había dicho que suele salir sobre los 150.oo $ y a la noche anterior había visto una precisamente por ese precio (con pantalón corto en omenaje), pero allí la encontré a 100.oo $, quejándome cuando más tarde vi otra a 90.oo $. La segunda parada la hicimos en un bar de la Havanna, reconocida marca de alfajores en donde hicimos el desayuno-bis. Seguimos recurriendo, Valeria me mostró la Plaza de San Martín, muy linda, le pregunté por el Parque Centenario, incomprensiones . . . fumé un sigarrillo, seguimos, vimos tiendas de ropa. […] Antes de almorzar, pasamos por la Avenida Santa Fé, tuvimos que andar mucho antes de llagar al nº 1670, a la Galería Bond Street, la misma en donde María Valeria se hizo el tatuaje. En una de las tiendas de tattoo & piercing de la galería, la Lucky Seven Studio, decidimos unirnos con una alianza, dos pendientes iguales en la parte alta de la oreja izquierda, pendiente a círculo con una piedrita rosada, yo tuve que colocarlo (40.oo $), un dolor tremendo a pesar de que el tipo que me lo puso dijo «es solo un pequeño pinchazito», mientras que mi María Valeria ya tenía la oreja perforada [...] en ese punto y tuvo solo que cambiarlo (30.oo $). Fuimos a almorzar pasadas las h 15.00 (antes, pasamos por una farmacia y nos pesamos: 69 kg . . . hacía seis años y medio que no pesaba tanto), en La Americana de la Avenida Callao nº 83: yo tres empanadas de carne “criollas” (estas buenas, a diferencia de las del Sábado) y un trozo de pizza (no mal, pero pesado, también por el ecceso de aceite), María Valeria una pascualina y una empanada de queso y cebolla. Volvimos en su casa de plena tarde . . . . . […]

    12/10/2007

    DIARIO DE ARGENTINA - El viaje de ida

    Viernes, 2 de Noviembre de 2007, h . . . – ¿Qué hora es? La verdad es que no lo sé. En Madrid, desde donde empezó el vaje, como en Frankfurt, primera etapa intermedia, son las h 9.25 de la mañana; en Sao Paulo, en donde llegaremos en menos de una hora, son las h 6.25; en Buenos Aires, destino final, son las h 5.25. Yo he puesto mi reloj con la hora de Sao Paulo, pero la verdad es que es para confundirse.

    Pero empezamos desde el principio. Despertador a las h 9.45 europeas en Madrid. Era el 1 de Noviembre. Desayuno, termino la maleta, salgo para hacer las últimas comisiones, llamo a Italia. Yo y María Valeria llegamos al T1 de Barajas con tiempo, hacemos el check-in, almorzamos, damos una vuelta, pasamos el metal detector, compramos periódicos y revistas […]. El avión sale con 15-20 minutos de retraso porque parece que en Frankfurt hay mal tiempo; parece, pero la verdad es que en Alemania lo de ayer fue un buen día, casi sin frío. Nos encontramos con mi tío Antonio, que creo que no veía hace más que dos años, con su hijo Mario y con su mujer Filomena, que nos lleva dulces (sfogliatelle napoletane hechas por ella misma), agua (que yo tiro en el suelo . . .) y café. Mi tío llama al teléfono a su hermana, es decir mi madre, que lo primero que pregunta es si estoy afeitado, después habla con todos, María Valeria incluida. Dejamos el Viejo Continente en horario, en el avión nos han dado de comer y de beber, pero el viaje ha sido pesado. Por las ventanillas (nosotros estamos sentados en el centro) entra fuerte la luz del Océano Atlántico, Brasil está cercano. […]

    ¿Sensaciones? Más aburrido y agobiante que cansado el viaje, algo de incomodidad, inquietud . . . Buenos Aires se acerca […] El avión está bajando, ¡Brasil está aquí abajo!