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2/28/2009 TEORIA DELLA SFERA PUBBLICA el 7 de AbrilEl Jueves pasado, a las h 16.56, me llegó una e-mail por parte de la Prof.ssa Marta Neri, asistenta de la Prof.ssa Gabriella Turnaturi: Si informa che la prof.ssa Turnaturi, per impegni accademici, posticipa la prova scritta a martedì 7 aprile ore 14 aula B, Dipartimento. Si annulla prova scritta del 31 marzo ore 17, teoria della sfera pubblica. Cordiali saluti Y yo tengo ya un vuelo hacia Bologna reservado desde el 9 de Febrero, con fecha de salida 29 de Marzo y fecha de vuelta 1 de Abril . . . Además, la fecha de examen anterior (31 de Marzo) me quedaba bien también para verbalizar el examen de Teoria e Tecniche della Comunicazione Pubblica (30 de Marzo). Pero, bueno, a ver si adapto la situación sin perder demasiado. Del otro lado, una semana más para estudiar que me viene muy bien.
MESSI X SAVIANOLo encuentro en los vestuarios del Camp Nou de Barcelona, un estadio enorme, el tercero en el mundo. Desde la tribuna, Messi es una manchita, incontrolable y velocísima. De cerca, es un chico frágil pero sólido, timidísimo, habla casi susurrando con cadencia argentina, de rostro dulce y terso sin un hilo de barba. Lionel Messi es el campeón de fútbol vivo más menudo. Le dicen "La Pulga". Tiene estatura y cuerpo de chico. En realidad, fue de chico – más o menos a los diez años – cuando Lionel dejó de crecer. Las piernas de los otros se alargaban, también las manos, les cambiaba la voz. A Leo no le pasaba. Algo no andaba bien y los análisis lo confirmaron: la hormona del crecimiento estaba inhibida. Messi padecía una rara forma de enanismo.
Con la hormona del crecimiento, se bloqueó todo. Y ocultar el problema era imposible. Entre los amigos, en la canchita de fútbol, todos se dan cuenta de que Lionel se quedó: "Hiciera lo que hiciera, o fuera adonde fuera, siempre era el más chico de todos". Dicen justamente eso: "Lionel se quedó". Como si se hubiera detenido en algún lugar. A los once años, con apenas un metro cuarenta, la camiseta del Newell's Old Boys, su equipo de Rosario, en Argentina, le sobra de todos lados. Baila en los pantaloncitos enormes; los botines, por más que se ajuste los cordones, un poco los arrastra. Messi es un jugador fenomenal: pero en el cuerpo de un chiquito de ocho años, no de un adolescente. Justamente a la edad en que, vislumbrando el futuro, habría que desarrollar un talento, el crecimiento primario (el de brazos, tronco y piernas), se frenó.
Para Messi, es el fin de la esperanza que alimentaba en sí mismo desde su primerísimo debut en una cancha de fútbol, a los cinco años. Siente que la falta de crecimiento acabó también con cualquier posibilidad de llegar a ser lo que sueña. Los médicos constatan, no obstante, que su deficiencia puede ser transitoria si se combate a tiempo. La única forma en que se puede tratar de intervenir es una terapia a base de la hormona "gh": años y años de bombardeo continuo que le permitan recuperar los centímetros necesarios para enfrentar a los colosos del fútbol moderno.
Es un tratamiento muy caro que la familia no puede permitirse: inyecciones de quinientos euros cada una, que deben aplicarse todos los días. Jugar a la pelota para poder crecer, crecer para poder jugar: a partir de ese momento, ése es el único camino. Lionel no puede ni siquiera imaginar un modo de curarse que no tenga en cuenta la pasión de su vida, el fútbol.
Pero esos malditos tratamientos no podrá permitírselos a menos que un club de cierto nivel lo tome bajo sus alas y se los pague. Y la Argentina está hundiéndose en la devastadora crisis económica de la que huyen en primer lugar las inversiones, luego las personas, cuyos ahorros se volatilizan con el derrumbe de los bonos estatales. Nietos y bisnietos de inmigrantes criados en el bienestar buscan la salvación emigrando a los países de origen de sus antepasados. En esa situación, ninguna empresa argentina, aun intuyendo el talento del pequeño Messi, tiene ganas de cargar con los costos de semejante apuesta.
Aunque llegara a crecer algunos centímetros – tal es el razonamiento – en el fútbol moderno, ahora, sin un físico imponente, no se es nadie. A La Pulga, una defensa maciza lo aplastará, La Pulga no podrá hacer un gol de cabeza, La Pulga no soportará los esfuerzos anaeróbicos requeridos a los centro-delanteros de hoy. Pero Lionel Messi, de todos modos, sigue jugando en su equipo. Sabe que debe hacerlo como si tuviera diez pies, correr más rápido que un potro, ser imbatible con la pelota en el suelo si quiere tener alguna chance de ser un jugador de verdad, un profesional.
Durante un partido, lo ve un observador. En la vida de los jugadores, los observadores son todo. Cada partido que ganan, cada penal que consideran ejecutado a la perfección, cada muchacho que deciden seguir, cada padre con el que van a hablar, significa trazar un destino. Dibujarlo en líneas generales, abrirle una puerta: pero en el caso de Messi, lo que le ofrecen, representa mucho más. No sólo le ofrecen la oportunidad de ser jugador de fútbol, sino la posibilidad de curarse, de tener por delante una vida normal. Antes de verlo, los observadores que oyen hablar de él, son de todos modos muy escépticos. "Si es muy pequeño, no tiene esperanza, aunque sea fuerte", piensan. Pero, en cambio, hubo otras voces: "Bastaron cinco minutos para comprender que era un predestinado. En un instante fue evidente hasta qué punto era especial el muchacho". Esto lo afirma Charles Rexach, director deportivo del Barcelona, después de ver a Leo en la cancha. Es tan evidente que Messi tiene en los pies un talento único, algo que va más allá del fútbol propiamente dicho: verlo jugar es como oír una música, como si en un mosaico despegado, cada pieza volviera a su lugar.
Rexach quiere retenerlo ya mismo: "Cualquiera que hubiera estado ahí, lo habría comprado a peso de oro". Y es así como hacen un primer contrato en un pedazo de papel, una servilleta de bar desplegada. Firman él y el padre de La Pulga. Esa servilleta cambiará la vida de Lionel. El Barcelona cree en ese chico eterno. Decide invertir en el tratamiento de la maldita hormona que se bloqueó. Pero para curarse, Lionel debe trasladarse a España con toda la familia, que junto con él abandona Rosario sin documentos, sin trabajo, confiando en un contrato garabateado en una servilleta, esperando que dentro de ese cuerpo infantil pueda estar realmente el futuro de todos. A partir de 2000, durante tres años, la empresa le garantiza a Messi la asistencia médica necesaria. Cree que un muchachito dispuesto a jugar al fútbol para salvarse de una vida de infierno tiene el raro combustible que hace llegar a una persona adónde sea.
Pero los tratamientos te resultan agotadores. Siempre tenés náuseas, vomitás hasta el alma. Los pelos de la cara no te crecen. Además, sentís que adentro los músculos te estallan, los huesos se te parten. Todo se te alarga, se dilata en pocos meses, un tiempo que debía durar años. "No podía darme el lujo de sentir dolor", dice Messi, "no podía permitirme mostrarlo frente a mi nuevo club. Porque a ellos les debía todo". La diferencia entre quien invierte su talento para realizarse y quien por él se juega todo es abismal. El arte pasa a ser tu vida no en el sentido de que totaliza todo, sino que solamente tu arte puede seguir haciéndote vivir, garantizándote el futuro. No existe un plan B, alguna alternativa en la cual replegarse.
Después de tres años, finalmente el Barcelona convoca a Lionel Messi y la familia sabe que si no está en condiciones de jugar como se espera, las dificultades para seguir adelante serán insuperables. En Argentina, los Messi perdieron todo y en España todavía no tienen nada. Y Leo, a esa altura, recaería sobre sus espaldas. Pero cuando La Pulga juega, toda la angustia se desvanece. Entrenándose duramente con el apoyo del equipo, Messi consigue crecer no sólo en bravura, sino también en altura, año tras año, centímetro tras centímetro exprimido de los músculos, alargado en los huesos. Cada centímetro adquirido, un sufrimiento. Nadie sabe en realidad cuánto medís ahora. Algunos calculan apenas un poco más del metro cincuenta, algunos un poco menos, un sitio habla de un Messi que, al seguir creciendo, llegó al metro sesenta. Las estimaciones oficiales cambian, concediéndole cada tanto algún centímetro de más, como si fuese un mérito, un premio conquistado en la cancha.
Lo cierto es que cuando los dos equipos están formados antes del silbato inicial, el ojo encuadra todas las cabezas de los jugadores más o menos a la misma altura, mientras que para encontrar la de Messi debe bajar por lo menos al nivel de los hombros de los compañeros. Para un deporte donde cuenta cada vez más la potencia y, para un atacante, los casi dos metros de Ibrahimovic y el metro ochenta y cinco de Beckham pasaron a ser la norma, Lionel sigue pareciéndose peligrosamente a una pulga. Como dice Manuel Estiarte, el jugador de water-polo más grande de todos los tiempos: "Es verdad, hay que calcular que las probabilidades de que Messi salga derrotado de un choque cuerpo a cuerpo son altas, como es alto el riesgo de que sea totalmente avasallado por los defensores. Pero con una sola condición... primero tienen que poder alcanzarlo".
Y de hecho nadie consigue seguirlo. El centro de gravedad es bajo, los defensores le obstaculizan el paso, pero él no se cae ni se mueve. Sigue corriendo, levanta la pelota con el pie, no se detiene, gambetea, salta, esquiva, escapa, tira. Es impredecible. En Barcelona, se burlan diciendo que los astros de la defensa del Real Madrid, Roberto Carlos y Fabio Cannavaro, nunca han podido ver a Lionel Messi de frente porque no consiguen alcanzarlo. Leo es rapidísimo, dispara con sus pies pequeños que parecen manos por como se las ingenia para sostener la pelota, controlar cada uno de sus movimientos. Cuando él tira, los adversarios trastabillan en el estorbo inútil de sus pies número 45.
En una publicidad donde lo invitaron a dibujar su historia con un marcador, es divertido y melancólico ver a Messi retratarse como un chiquillo minúsculo entre larguísimos bosques de piernas, perdido allí entre pelotas demasiado grandes que vuelan lejos. Pero cuando tocan tierra, él las agarra, veloz, y pequeño como es consigue pasar entre las piernas de todos y llegar al arco. Cuando hay laterales y los adversarios recuperan el aliento es precisamente el momento en que él sale y los pasa, de tal manera que cuando los goleadores se imaginaban que lo tenían detrás de la espalda, se lo encuentran en cambio ya cinco metros más adelante. El gran jugador no es el que hace cometer faltas, sino ése al que nunca se le puede hacer ninguna gambeta.
Ver a Messi significa observar algo que va más allá del fútbol y coincide con la belleza misma. Algo como un ímpetu, casi un estremecimiento de conciencia, una epifanía que permite al individuo que está allí, viéndolo gambetear y jugar con la pelota, dejar de percibir una separación entre él y el espectáculo que está presenciando, confundirse plenamente con lo que ve, al punto de sentirse uno con ese movimiento desigual pero armónico. En esto, las jugadas de Messi son comparables a las sonatas de Arturo Benedetti Michelangeli, a los rostros de Rafael, a la trompeta de Chet Baker, a las fórmulas matemáticas de la teoría de los juegos de John Nash, a todo lo que deja de ser sonido, materia, color, y se convierte en algo que pertenece a todos los elementos, a la vida misma. Ya sin separación, sin distancia. Están ahí, y no se puede vivir sin ellos. Y nunca se ha vivido sin ellos, sólo que cuando se descubren por primera vez, cuando por primera vez se los observa al punto de quedar hipnotizados, la conmoción es inevitable y uno no puede más que intuirse a sí mismo. Mirarse en lo más profundo.
Escuchar a los cronistas deportivos que comentan sus avances bastaría para definir su épica de virtuoso. Durante un encuentro Barcelona-Real Madrid, el cronista, viéndolo asediado por los intentos de hacer cobrar una falta dejó de describir la escena y comenzó con un satisfecho: "No se cae, no se cae, no se cae". Durante otro enfrentamiento de los archirrivales históricos, la ola estática "Messi, Messi, Messi, Messi" recibe una "a" adicional que le quedará siempre: Messia. Es el otro sobrenombre que La Pulga se ganó con la gracia burlona de sus jugadas, con el estupor casi místico que suscita su juego. "El hombre se hizo Dios e invitó a su profeta", así dicen los carteles de un servicio televisivo dedicado a El Mesías y a quien como encarnación divina del fútbol lo precedió: Diego Armando Maradona.
Parece imposible, pero cuando Messi juega tiene en mente las jugadas de Maradona, igual que un ajedrecista en un determinado momento de la partida a menudo se inspira en la estrategia de un maestro que se encontró en una situación análoga. La obra maestra que Diego Armando había realizado el 22 de Junio de 1986 en México – el gol votado como el mejor del siglo XX –, Lionel consigue repetirla prácticamente idéntica y casi exactamente veinte años después, el 18 de Abril de 2007 en Barcelona. Justamente, Leo sale a unos sesenta metros del arco, también él elimina en una jugada única a dos centrocampistas, después acelera hacia el área de penal, donde uno de los adversarios que había superado trata de derribarlo, pero no lo consigue. Se amontonan alrededor de Messi tres defensores, y en vez de apuntar al arco, él sale hacia la derecha, saca al arquero y a otro jugador... Y es gol. Después de marcar, se genera una escena increíble en la que los jugadores del Barcelona petrificados, con las manos en la cabeza, miran para todos lados como si no creyeran que fuera posible presenciar todavía un gol como ése. Todos pensaban que solamente un hombre era capaz de tanto. Pero no fue así.
La prensa inventa enseguida "Messidona", pero hay algo en el parecido de los dos campeones argentinos que supera las similitudes encontradas y produce un estremecimiento. En un deporte que parece haber dejado atrás la etapa épica, las proezas de Messi se asemejan a la reiteración de un mito, y no de un mito cualquiera, sino del que está más fuertemente en contraste con nuestro tiempo: David contra Goliat. Físicos minúsculos, barrios pobres, incapacidad de verse distintos de como jugaban en las canchitas, cara siempre igual, bronca siempre igual, como una pereza que se lleva dentro. Teóricamente tenían todo lo necesario para fracasar, todo lo necesario para perder, todo lo necesario para no gustarle a nadie y para no jugar. Pero las cosas resultaron diferentes.
Messi, cuando Maradona hacía aquel gol en México, todavía no había nacido. Nacerá en 1987. Y la razón por la cual lo seguí a Barcelona, al punto de querer conocerlo, tiene su origen justamente en eso: haber crecido en Nápoles en el mito de Diego Armando Maradona. No olvidaré nunca el partido de los mundiales de 1990; un destino terrible llevó a la selección italiana de Azeglio Vicini y Totò Schillaci a jugar la semifinal contra la selección argentina de Maradona, justamente en el San Paolo. Cuando Schillaci hace el primer gol, el estadio se alegra. Pero se siente que en la cancha algo no funciona. Después del gol de Caniggia la hinchada no napolitana – no autóctona – empieza a agarrársela con Maradona, y entonces sucede algo que no ocurrirá nunca más en la historia del fútbol y que nunca había sucedido hasta ese momento: la hinchada se vuelca contra su propia selección de fútbol. Los hinchas del sector napolitano empiezan a gritar: "¡Diego! ¡Diego!" Por otra parte, estaban acostumbrados a hacerlo, ¿cómo culparlos y cómo identificarse con otros? Aunque pudieran querer al equipo nacional propio, en ese momento es Maradona quien representa a la hinchada del San Paolo más que una selección de jugadores provenientes de otras ciudades de Italia, de Roma, Milano, Torino.
Maradona había logrado invertir la gramática de las hinchadas. Y en Roma se lo hicieron pagar en la final Argentina-Alemania, donde el público para vengarse de la eliminación de Italia en la semifinal y de las defecciones generadas dentro de la hinchada, comienza a silbar el himno nacional. Maradona espera que la cámara de TV, al recorrer a sus jugadores, llegue a sus labios, para lanzar un "hijos de puta" a los hinchas que no respetan ni siquiera el momento del himno. Una final terrible, donde en Nápoles todos hinchaban, obviamente, a favor de Argentina. Pero, después el momento del penal absolutamente dudoso destruye toda esperanza. Alemania claramente en problemas debe, no obstante, ganar y vengar a la Italia vencida. Un penal por una falta contra Rudi Voeller; lo hace Andreas Brehme. Y el comentario del cronista argentino fue: "Solamente así, hermano... solamente así podían ganar contra Diego".
Me acuerdo muy bien de esos días. Tenía once años, y es muy difícil que vuelva a ver alguna vez fútbol como ése. Pero algo parece volver, de aquel tiempo. El gol en México contra Inglaterra, el gol repetido por La Pulga veinte años más tarde, marca uno de los momentos inolvidables de mi infancia. Me pregunto qué maravilla y qué vértigo sería ver jugar a Messi en el San Paolo, él, de quien el propio Maradona dijo: "Ver jugar a Messi es mejor que tener sexo". Y Diego sabe mucho de las dos cosas. "Me gusta Nápoles, quiero ir pronto – dice Lionel –. Estar un poco debe ser lindísimo. Para un argentino es como estar en casa".
El momento más increíble de mi encuentro con Messi es cuando le digo que cuando juega se parece a Maradona – "parece", porque no sé cómo expresar algo repetido mil veces, aunque deba decírsela igual – y me responde: "¿De verdad?", con una sonrisa aún más tímida y contenta. Por lo demás, Lionel Messi aceptó verme no porque sea un escritor o por otra cosa, sino porque le dijeron que vengo de Nápoles. Para él es como para un musulmán nacer en La Meca. Napoli, para Messi y para muchos simpatizantes del Barcelona, es un lugar sagrado del fútbol. Es el lugar de la consagración del talento, la ciudad donde el dios de la pelota jugó sus mejores años, donde de la nada partió hacia la derrota de los grandes equipos, hacia la conquista del mundo.
Lionel parece todo lo contrario de lo que uno espera de un jugador: no es seguro de sí mismo, no usa las frases habituales que les aconsejan decir, se pone colorado y se mira los pies o se mordisquea las uñas del índice y del pulgar acercándoselas a los labios cuando no sabe qué decir y está pensando. Pero su historia es aún más extraordinaria. La historia de Messi es como la leyenda del abejón. Se dice que el abejón no podría volar porque el peso de su cuerpo es desproporcionado respecto de la fuerza de sustentación de las alas. Pero el abejón no lo sabe y vuela. Messi, con ese cuerpo flacucho, con esos pies pequeños, esas piernas, el torso exiguo y todos sus problemas de crecimiento, no podría jugar en el fútbol moderno, todo músculo, masa y fuerza. Sólo que Messi no lo sabe. Y por eso mismo es el más grande de todos.
*La Repubblica y Clarín, 2009
Traducción de Cristina Sardoy
2/22/2009 ADDIO A CANDIDO CANNAVÒ
Si è spento questa mattina a Milano Candido Cannavò. Aveva 78 anni e lo si era immaginato sorridente ed attivo, fino a Giovedì scorso, quando un malore lo ha colto improvviso. Sarà pessimismo (non credo), sarà istinto (lo escluderei), ma già dal primo momento avevo capito che se non sarebbe tornato. Se ne va con lui un altro pezzo di giornalismo italiano, uno dei pochi che ancora faceva trasparire passione vera efiducia sana verso questo mestiere.
Da La Gazzetta dello Sport di oggi, Domenica 22 Febbraio 2009.
Candido Cannavò è morto. Se n'è andato questa mattina alle h 8.48 alla Clinica Santa Rita di Milano dove era stato ricoverato Giovedì scorso a seguito di una emorragia cerebrale devastante che lo aveva colto proprio mentre era nella sede della Gazzetta, in via Solferino a Milano. Aveva 78 anni e al suo capezzale in queste ultime disperate ore, ha avuto la moglie Franca e i tre figli Alessandro, Marilisa e Marco, ma fuori da quella camera d'ospedale in realtà centinaia di migliaia di suoi lettori facevano il tifo per lui, come testimoniato dai tanti messaggi pervenuti sulle pagine di questo sito. Per commemorarlo oggi si fermerà per un minuto tutto lo sport italiano. Anche il Presidente della Repubblica Giorgio Napolitano ha espresso la sua partecipazione al dolore della famiglia e al colonne della Gazzetta dello Sport, di cui è stato per tanti anni direttore, e dalle più diverse tribune mediatiche, ha raccontato con passione e acutamente divulgato i valori di lealtà e di competizione che hanno reso sempre più popolare il gioco del calcio e lo sport italiano». «Era un grande lottatore e pensava di farcela anche questa volta»: sono le parole che il figlio Alessandro ripete a quanti sono accorsi davanti alla clinica milanese, dove si è spento il padre Candido. «Mio papà ha dato un grandissimo contributo in termini di umanità e altruismo - ha detto Alessandro, uno dei tre figli dell'ex direttore della Gazzetta dello Sport - e abbiamo ricevuto straordinarie manifestazioni di affetto, anche da chi non lo aveva mai conosciuto». Oltre a cronisti, operatori e fotografi, tra i primi ad arrivare alla clinica, il direttore del Sole 24 Ore, Ferruccio de Bortoli, il direttore delle carceri lombarde, Luigi Pagano, e Gianfelice Facchetti, figlio dello storico capitano dell'Inter, Giacinto, amico fraterno di Cannavò. Frattanto è già stata allestita una camera ardente all'interno della Clinica Santa Rita, dove oggi sarà possibile rendere l’ultimo saluto al giornalista dalle h 14.00 alle h 21.00, con ingresso da via Jommelli nº 13. Domani poi, dalle h 9.00, Cannavò tornerà nella sua seconda casa: la salma sarà trasferita alla camera ardente allestita nella sede Rcs di via Solferino 26, Sala Montanelli.
Candido Cannavò (Catania il 29 Novembre 1930) è un giornalista italiano. Ogni sua biografia inizia così. Ma definirlo soltanto "giornalista" è riduttivo. E' sufficiente citare l'Avvocato Giovanni Agnelli per raccontarlo: «Candido Cannavò decise di fare il giornalista, abbandonando un destino che lo voleva medico. Non sapremo mai ciò che ha perduto la medicina, ma sappiamo quanto ci ha guadagnato lo sport, e noi con lui». Anche se Cannavò aveva dichiarato che «Il mio approccio allo sport è tuttora una sorta di mistero che mi porto dentro». Che incredibile storia quella del "Direttore", che iniziò la sua carriera all'età di 19 anni alla Sicilia, dove scriveva di sport, società e costume. Nel 1955 esordì come corrispondente della Gazzetta e il nome e il volto divennero ben presto familiari. Cannavò inviato speciale, testimone del tempo: Mondiali di calcio, 9 Olimpiadi, un incredibile numero di Giri d'Italia. «Ho collaborato per anni alla Gazzetta - raccontava -. conoscevo praticamente tutti, ci si vedeva spesso, insomma, mi sono trovato a casa». Ecco, il concetto di "casa" è stato tutto sommato il leit-motiv dell'era Cannavò. Alla Sicilia era caporedattore dal 1975. Impeccabile professionista, fu chiamato nel 1981 dalla Gazzetta che lo volle vicedirettore, poi condirettore, fino a succedere il 12 Marzo 1983 a Gino Palumbo come direttore responsabile della "Rosea". La realizzazione di un sogno, tra l'altro accolto dalla redazione con applausi a scena aperta. È rimasto in carica 19 anni, fino al 12 Marzo 2002, quando è stato sostituito da Pietro Calabrese. Strano il destino: esattamente diciannove anni dopo quegli applausi scroscianti. Un vero record. Quando Cannavò prese in mano il timone, La Gazzetta dello Sport era già un fenomeno sociale che si consolidò come maggiore giornale italiano. Il 13 Marzo di quell'anno tornò regolarmente al lavoro, perché di andarsene in pensione non ne aveva voglia. Divenne così l'opinionista per eccellenza con le rubriche Candidamente e Fatemi capire. Continuò a seguire il Giro d'Italia e non si perse un'Olimpiade: pane quotidiano. Correndo da una tappa all'altra, ritirando premi e riconoscimenti in tutta Italia. Sempre di corsa. Da vero mastino della notizia. Fantasia fervida: nitida. Sempre al lavoro. Per scrivere Una vita in rosa, Libertà dietro le sbarre, E li chiamano disabili, Pretacci. Storie di uomini che portano il Vangelo sul marciapiede, a sottolineare che oltre allo sport esistono problemi quotidiani che graffiano il cuore. Come sottolineato nel suo ultimo appuntamento con Fatemi capire del 19 febbraio, in cui, trattando il dramma di Marassi ha scritto: "...Ora preghiamo il Cielo perché quel tifoso si salvi".
Tra le tante creature di Candido Cannavò c’è anche questo sito. Il direttore storico della rosea, giornalista vecchio stampo di una generazione che si era sfiancata sulle tastiere delle macchine da scrivere Olivetti, non ebbe timori a lanciarsi in questa avventura di frontiera e lo fece con tutta la passione e l’energia che lo hanno sempre caratterizzato. Sulla prima pagina della Gazzetta dello Sport di Martedì 26 Agosto 1997 un suo fondo dava il benvenuto alla neonata Gazzetta on line. Per noi che di quella timida avventura eravamo i protagonisti il suo appoggio così forte, così evidente e così entusiasta era un segnale importante. E non si pensi che fosse scontato. Internet è un mondo del quale non si riesce a fare a meno oggi, ma stiamo parlando di oltre 11 anni fa. Quanti di voi nell’Agosto del ’97 navigavano abitualmente su Internet? Quanti di voi trovavano notizie sul Web? Quanti cercavano voli, prenotavano alberghi, confrontavano prezzi, consultavano mappe, passavano il loro tempo libero… Quanti? Pochi, pochissimi. Con quella spinta ci siamo lanciati in un’avventura che anni dopo sarebbe diventata un successo, ma che allora era poco più di una scommessa. E la spinta iniziale non è mai venuta a mancare, nemmeno nei momenti più bui della storia del sito. Cannavò c’era sempre, sempre al servizio del sito, sempre pronto a metterci la faccia, a commentare in video un avvenimento, a mettere il microfono sotto al muso dei più inaccessibili atleti che a lui non sapevano come dire di no. E’ stato così da direttore, lo è stato ancor di più da quando lasciò la direzione, senza mai lasciare la Gazzetta. Ciascuno di noi, della “sua” famiglia rosa allargata, conserva ricordi indelebili dell’uomo Candido Cannavò nel suo intimo. Appartengono al nostro patrimonio personale e purtroppo non possono essere condivisi con chi non li ha vissuti direttamente. Ma per fortuna di tutti Candido Cannavò è stato anche un personaggio pubblico. Un’icona popolarissima che con i suoi modi diretti e anticonvenzionali “bucava” il video. Quello è il patrimonio universale che resta a tutti quanti, e che negli ultimi anni era diventato anche un appuntamento fisso sulle pagine della Gazzetta, la rubrica “Fatemi capire”. Un nome che oggi verrebbe voglia di girare al mondo per vedere se c’è qualcuno che ci può “far capire” come si possa passare dalla vita alla morte così, in un battito di ciglia. Ma forse lui nelle sue trenta righe ci spiegherebbe che il Padreterno gli ha concesso un’ultima grazia, quella di scegliersi come uscire di scena. E lui, senza troppo pensare, ha scelto così: di recitare l’ultima battuta nella sua Gazzetta.
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2/19/2009 SOCIOLOGIA DEI MEDIA: 24/30. STA BENE. UNO MÁSAl fin de casi un més de espera, hace una hora supe el resultado del examen de Sociologia dei Media. El examen lo di el pasado 30 de Enero en Bologna. No me fue muy bien, algo inseguro, a parte que incompleto. Será la tensión de mi situación de pendolar, pero tenía miedo hasta de no aprobar. Exagerado. Pero tenía. Aunque la verdad es que me esperaba algo entre el 23 y el 25. Y fue un 24. Así que 24/30. Está bien. Yo siempre hice un discurso de relatividad de la nota. No quiero todos 30, no me conformo con todos 18. En Junio 2004 y en Enero 2007 saqué 18 y, con los Prof.s que me ruegaban de rechazar y volver a darlo, me quedé convencido de mi 18. En Febrero 2005 saqué un 30 y, al ver el Prof. escribirlo, me salió un instintivo «¿Solo?». Eso significa que a veces 29 es poco y otras veces 19 es mucho. Depende de cada situación. Mi situación de esta vez ha sido complicada, con muchas, demasiadas cosas que me ocupaban espacio en la cabeza, dejando menos lugar a sociólogos y demás (y creo que por el próximo me espera casi lo mismo), a parte que tuve poco tiempo para estudiarlo. Por eso me quedo satisfecho: es lo que quería antes de hacerlo, es lo que me esperaba después de hacerlo, es lo que he obtenido. El 31 de Marzo el siguiente, Teoria della Sfera Pubblica. Tengo que ponerme en serio, pero lo haré. Y será ya el cuarto. 2/17/2009 NON È COLPA NOSTRA: LO DICE LA SCIENZAda La Repubblica on-line di oggi, Martedì 17 Febbraio 2009.
Basta un bikini e la donna diventa una "cosa". Lo slogan della donna "oggetto" trova una sorta di fondamento scientifico in una ricerca condotta da psicologi dell'Università di Princeton (U.S.A.). Lo studio, condotto sugli studenti dell'Università, dimostrerebbe come le donne ritratte in bikini o in atteggiamenti a sfondo sessuale finiscano per farle apparire realmente agli uomini come "oggetti". La ricerca è stata condotta realizzando una serie di risonanze magnetiche al cervello degli uomini scelti come volontari, nel momento in cui venivano loro sottoposte immagini di donne vestite in abiti succinti. Le parti del cervello che entravano in attività erano quelle generalmente associate alla corteccia premotoria, che si attiva quando si ha la visione di oggetti, quali una casa, una macchina e così via. La stessa ricerca ha permesso di dimostrare che i primi verbi che passano per la testa agli uomini quando osservano immagini di donne in bikini sono del genere: "afferrare”, “maneggiare”, “spingere", dice Susan Fiske, responsabile della ricerca che è stata annunciata a Chicago durante l'annuale incontro di scienziati dell'American Association for the Advancement of Science. Secondo la ricercatrice, è ancora più "scioccante" il fatto che alcuni uomini durante la visione delle fotografie non mostrino in alcun modo attività cerebrale nelle aree del cervello che generalmente rispondono quando si ha interazione con delle persone, anche se viste in fotografia. Risultano del tutto disattivate le aree del cervello che possiedono un ruolo nell'empatia, nella capacità di comprendere emozioni e desideri delle altre persone. Spiega Fiske: «Ciò significa che questi uomini quando osservano donne in abiti o in atteggiamenti a sfondo sessuale subiscono cambiamenti nell'attività cerebrale e possono modificare il modo con cui percepiscono la figura femminile, considerandola non più come una persona con cui relazionarsi, ma come un oggetto sul quale agire, con conseguenze che tutti possono vedere nella quotidianità sia in ambito lavorativo che in altre situazioni». Uno studio del comportamento del cervello femminile nel momento in cui alle donne viene mostrato un uomo in slip non è stato realizzato, ma, secondo la ricercatrice, conoscendo la complessità dei pensieri femminili, sarebbe assai difficile per loro "disumanizzare" a tal punto una persona. Secondo Fiske infatti, di solito le donne reagiscono emotivamente alla figura di un uomo «cercando di interpretare i loro pensieri, cercando di capire in cosa sono interessati e cercando di piacere a loro».
2/2/2009 REMEMBER 08-11-2007: POTEVA ANDARE PEGGIO . . .da www.aviazionecivile.com.
Ha fumato in aereo e probabilmente non lo rifarà mai più. Il cittadino sudanese scoperto a infrangere il divieto a bordo di un aereo della compagnia di bandiera saudita "Saudia", in volo verso Gedda da Qurayyat, nel nord del regno arabo, è stato condannato a 30 frustate. Lo ha reso noto il quotidiano in lingua inglese "Saudi Gazette", secondo cui il trasgressore si è rifiutato di obbedire alle sollecitazioni degli assistenti di volo, che lo avevano pregato di spegnere la sigaretta. |
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