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    3/23/2008

    DOS AÑOS

    Hoy es 23 de Marzo. Hace dos años, un Jueves, a esta hora exacta estaba en la calle, no hacía nada de frío, hasta salí sin chaqueta, sino que solo con una t-shirt y una camisa arriba, camino hacia el Palacio Gaviria, principio de una noche que hubiera sido larga, la más larga de mi vida. Todavía no conocía a mi novia, la hubiera conocido en unas cuatro horas. Dos años después estamos todavía acá. Esta tarde le he comprado unos pendientes, unos que había mirado con interés otras veces, una pequeñéz, nada más que un símbolo, espero que agraden. Mañana a la noche iremos al Medina Mayrit, a festejar la recurrencia, ojalá después de una buena (por comida y ambiente) cenita. Comentarios: dos años, digo, DOS AÑOS, quien se lo iba a creer . . . Sinceramente, ¡yo no! Por mi situación de entonces en general y por la situación particular. Pero estamos acá, dos años después, 23 de Marzo de 2008. Y creo que por ahora estamos bien.

    3/16/2008

    VUELTA A ITALIA 2008

    El Lunes día 3 de Marzo, yo y María Valeria nos levantamos a las h 10.30, desayunamos y salimos de casa. Primero pasamos por la farmacia de la Calle Fuencarral, para pesarnos [...]; segundo fuimos a la FNAC, en donde compramos una maleta para mi ordenador portatil [...], que finalmente decidí llevarme a Italia, y ojas para la impresora (normales ojas F4, pero también ojas fotográficas pequeñas); por fin, hicimos etapa en La Vita è Bella de la Plaza de San Ildelfonso, para que yo me comprara un arancino para almorzar. De allí, me fui al trabajo, que es que entonces todavía tenía trabajo en PC City. Regresé como siempre a las h 22.30, comimos tarde, yo me afeité, cortándome los bigotes por primera vez desde creo Septiembre o antes [...], descansé un poco, me di una ducha y, a las h 3.15, llegó el auto-taxi que nos llevó al T4 de Barajas. El viaje fue larguísimo como siempre: h 6.30 la despegada hacia Fiumicino; h 10.00 tren Fiumicino-Tiburtina [...], h 11.00 (después de más de media hora de cola en la taquilla [...]) salida hacia Grottaminarda; h 14.30, hasta con algo de antelación, llegada en Irpinia, donde nos esperaba mi padre, que calurosamente me saludó con un fuerte abrazo; h 15.00 llegada en casa en Frigento, donde solo estaban mi hermano, que se fue enseguida a trabajar, y mi madre, que junto con mi padre nos acompañó en el rico almuerzo, comentando la reciente desaparición de un primo de mi padre, Gerardino, hijo de zia ‘Ngiulina que vivía en Milano, por un ataque de corazón. Teresa y Emanuela llegaron a la tarde, cada una de vuelta de su escuela. Después de comer, María Valeria se fue a dormir, no sin haberle entregado el dibujo de Rocca a mi madre [...], para recuperar de la insomne noche de viaje, mientras que yo me quedé con mi madre y fui a saludar a Nicola y a zia Rosetta. Alrededor de las h 19.30, cuando también María Valeria se había despertada, volvió Giusppe, acompañado por su novia, más guapa de lo que parecía en foto y aún más silenciosa y tímida de lo que me habían contado. Cenamos todos juntos, nos reimos, les enseñé a todo el mundo el nuevo ordenador, todo el mundo vio mis pendientes, nadie criticó, a lo sumo se rieron.

    El Miercoles día 5 lo pasamos en casa, encerrados por la lluvia, que nos impidió de ir a saludar a nonna, zia Gina e Ylenia. Para mi pasamos igualmente un buen día, con mi familia, mi novia familiarizando aún más con ellos y con el idioma. Y comiendo . . . eso siempre . . . para mi no por obligación, sino que por gusto . . . para no hablar de beber, entre vino y limoncello (rapidamente re-bautizado por mi novia “lemoncello”) . . .

    Jueves 6 fuimos a Napoli. Despertador a las h 7.00, llegada en “’a città re ‘a monnezza” a las h 9.30. El Metro de Piazza Garibaldi estaba lleno, con la gente que le gritaba a los policías que no les dejaban entrar. Parece que en el Metro, cuasa mal tiempo, había tanta gente que había que esperar a que saliera para que pudiera entrar más . . . Así que decidimos alcanzar Via dei Mille, nuestro destino, andando. Recurrimos, mapa en las manos, la tristeza de la decaida Napoli, viendo un poco de limpieza y de civildad solo al llegar en Via Chiaia, el paseo peatonal que antecede Via dei Mille. El Consulado Español se veía sontuoso, lindo, hasta había moquette roja en el ascensor de la escalera A que nos llevó al cuarto piso del edificio. Allí nos recibió una señora española sobre los 50-55 años, que se llevó la versión oficializada de mis programas universitarios de Fisciano y la versión española a convalidar sin querer demasiadas explicaciones. Nos dejó a esperar como una hora y media, también estaba otra mujer trabajando allí, ella más joven, claramente napoletana. Cuando volvió, dijo que la traducción estaba mal hecha, que ella había corregido algo, pero los errores eran demasiados, así que tenía que corregir y volver . . . En casa me di cuenta que había corregido cualquier cosa: desde términos técnicos hasta los programas de los examenes del Erasmus, que venían directamente en castellano . . . Está de hecho que pasamos lo que quedó de la tarde en Napoli, consolándonos con la pizza de Di Matteo (alcanzamos Via dei Tribunali siempre andando), con la inquietante compañía de Pasquale (telefoné a Mariateresa y a Nicola, pero los dos estaban empeñados con la Universidad), que nos llevó a ver el piso donde vivía, tan sucio que a María Valeria le dieron ganas de vomitar más veces. De allí volvimos, también andando, a Piazza Garibaldi, de camino se puso a llover, tomamos un café con leche y enseguida el autobus de vuelta. Tuvimos que cambiar en Castel del Lago, llegamos a las h 17.50, pero el autobus hacia Frigento de las h 18.00 no pasó. Es que no había autobus de las h 18.00, sino que de las h 19.00, la información proporcionada por el Bofone era equivocada: llamé a mis padres y esperamos la llegada de Giuseppe en un bar cercano, donde tomamos el cuarto café con leche diario.

    El Viernes a la mañana pudimos caminar un poco y dar una vuelta en coche y a la tarde, con las condiciones atmosféricas aceptables, fuimos a Rocca San Felice. Giuseppe nos dejó, para después irse a trabajar y volver a recojernos como a las h 18.30. Estuvimos con zia Gina, que vi por primera vez desde el fallecimiento de Aldo. La encontré fría como siempre, pero sí claramente afectada. Estuvimos un buen rato con mi abuela, fuimos a la rocca y al altar de Padre Pio, volvimos en casa de mi abuela, en donde nos encontramos con Ylenia. Cuando volvimos en Frigento, en casa estaban Mariateresa y zia Rosetta, pero sobre todo Eleonora. No cenamos allí, sino que salimos con Giuseppe, Laura y Gaetano. Fuimos a cenar (un bocadillo que se llama “poncho”) en Mirabella, después estuvimos dando vueltas por Grottaminarda, hasta parar a tomar un dulce en lo de Ciotola, probablemente la mejor pastelería de la provincia. También a la noche siguiente salimos, la noche del “día de la mujer”, fuimos con Giuseppe, Laura, Ylenia y Enzo en un restaurante de Bonito, La Giara, donde cada uno comió lo suyo: yo pizza Margherita con cerveza, María Valeria un plato de tagliatelle ai funghi porcini con vino blanco, Ylenia una pizza con berenjenas con Coca-Cola, Laura un calzone (mejor, medio, ya que la otra mitad la dejó y se la llevó a casa – entendida como casa de mis padres, donde se quedó a dormir esa noche y la siguiente) y Coca-Cola, Giuseppe y Enzo cada uno una entrada, una pizza y cerveza.

    A la mañana del Sábado había ido a cortarme el pelo y a saludar a zia Tecla, pero el tiempo había vuelto malo y no pudimos hacer mucho más. Fue tal vez la única lástima: condiciones atmosféricas feas, que nos quitaron (a parte el Viernes) paseos y más visitas. De hecho, también el Domingo a la tarde y el Lunes los pasamos así, en casa. El Lunes a la mañana pude ir a saludar a nonna, zia Gina e Ylenia, mientras que a la tarde fui a casa de zio Tonino a saludar a zia Rosetta y Nicola (Mariateresa vino a saludar el Domingo a la tarde).

    Lo que quedó fue igualmente lo mejor: mucho tiempo con mi familia, cada mañana (a parte la que fuimos a Napoli) desayunos con mi madre a prepararlos y a hacernos compañía, ya que todavía está de baja con el trabajo (lo estará hasta toda la semana que viene), almuerzos y cenas con ellos, siempre ricos, en cantidad como en cualidad. Nos fuimos a la madrugada del Martes. Tomamos la Marozzi de las h 3.15, el avión Vueling de las h 10.15 (Paolo vino en Fiumicino a saludarnos a pesar de que estaba de vacaciones) y volvimos en casa largamente pasada la mitad de día.