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    6/8/2008

    LA FERIA DE LA TAPA 2008

    La Feria de la Tapa 2007 se caracterizó por las performance no exactamente culinarias de la chilena Sara: 19 años, rubia, guapa, puta. Fueron cuatro días duros, pero fue una experiencia muy buena, además de muy bien retribuida. Recuperado de la operación, esperaba poder volver a participar y así ha sido. Cinco días en vez de cuatro, el primero de preparación al evento. Nueva gente, de los sesenta y pico que estuvimos el año pasado, solo seis hemos sido confirmados, es decir yo, el romano Roberto, el español Fausto, una mujer argentina, una chica peruana que creo que se llama Fiorela y su amiga española. Pero lo bueno es que hubo oportunidad de conocer a otra gente. El primer día, Miercoles 28 de Mayo, solo eramos veinte de “mantenimiento”. Yo pensaba que ese día iba a empezar la feria, pero todo estaba en silencio y los stand todavía vacíos. Ese día había que prepararla la feria. De los veinte que éramos, un chico moreno, tal vez dominicano, se fue enseguida, para volver al día siguiente. Quedaron cinco chicos españoles, más o menos de mi edad, que vinieron juntos, nueve chicos más y tan solo cuatro chicas: la peruana que estaba también el año pasado, su amiga dominicana Giselle y las madrileñas Lis y Patricia. No trabajamos mucho, ya que solo hemos tenido que poner neveras y bebidas en los varios stand, que de por si no es poco, pero que se hace poco si en trabajar somos muchos y la jornada laboral dura nueve horas. El personal de “organización” ha quedado casi inmutado, desde la rubia Tamara al “femenino” Mario y así adelante, solo faltaba el mayor, Paco Acebo, actualmente en Irlanda. Ese primer día trabajamos de h 10.00 a 20.00, con una hora de descanso entre las h 14.00 y las h 15.00, acabando más aburridos que cansados.

    El Jueves 29 de Mayo abrió puertas oficialmente La Feria de la Tapa 2008. Mi turno fue por todo el fin de semana de h 13.00 a 17.00 y de h 19.00 a 24.00, así que cuando llegué (junto con Lis, que me encontré en el Metro) ya habían empezado hace un par de horas, aqunue no había mucha gente. De “mantenimiento” (“los de amarillo” solíamos decir, así como “los de negro” eran los de “organización) eramos unos sesenta. Yo firmé, me puse mi camiseta y me puse a trabajar. Casi enseguida me encontré con Roberto y trabajamos juntos todo el día, sin pasarlo mal ya que sabíamos lo que nos esperaba. Entre eso, la bronca del “gordo”, el señor Pedro, que solía definirse “el que paga”. El año pasado llegó el segundo día. Este año ya durante de la primera mañana. Las culpas las de siempre: trabajar poco y mal, comer beber y fumar durante del trabajo. ¡Tenía razón! Durante de las dos horas de descanso volví en casa, comí algo, estuve un poco al ordenador, un iter que se repitió hasta el Domingo. Justo volvió un rato del Círculo María Valeria, a dejar unas ojas que había comprado, y, un momento antes de que nos fueramos cada un a por lo suyo, llegó un cartero para entregarme los programas de la universidad, convalidados y legalizados, que mis padres me había enviado la semana anterior.

    A la tarde hasta conseguimos que nos invitaran unas cañas y una tapa. Me pasé casi todo el día en sala, solo la última hora tuve que estar a lavar vasos, acabando mujado hasta los píes. No conocí a mucha gente, solo a una chica de Vigo que ni me acuerdo como se llama. El balance de los caídos fue de tres: dos chicos fueron pillados fumando ashish ya durante de las primeras horas de la tarde, mientras que uno (que había participado a las ferias de 2005 y 2006) se hizo pillar por enésima vez haciendo nada, a las h 23.50.

    El Viernes 30 me desperté a las h 9.40 y pasé una tranquila mañana en casa. Me fui de casa a las h 12.30 y llegué con tiempo al Palacio de Deporte, que todavía no estaba lleno cuando yo entré en la sala y empecé a trabajar. Nada más poner píe allí dentro, que me vi una chica con camiseta amarilla que el día anterior no había notado: joven, muy delgada, más o menos de mi altura, el pelo largo, rojo y movido. No le hice caso y seguí por mi cuenta, imaginando que fuera una de las nuevas llegadas en sostitución de los echados el día anterior. A pesar de que inicialmente entendí que se llamara Luz, en realidad se llama Ruth, tiene 23 años (nació en Mayo de 1985) es cántabra, originaria de un pueblo en la provincia de Santander, que muy joven se mudó en Madrid con su familia; le costó conseguir el bachiller (creo haber entendido que repitió un año) y decidió no seguir los estudios; había sido contactada esa misma mañana por Maite, la encargada de Select para las contrataciones de la Feria y había aceptado sin dudar, estando en la éspera de una respuesta por parte de un pub en el que había hecho una entrevista para trabajar de camarera. Pasamos todo el día así, trabajando hombro a hombro, charlando, riendo y . . .  y también comiendo y bebiendo, ya que pensé bien aprovechar el hecho que casi todos los hombres de los stand, cuando pasaba ella exclamaban «¡Hola guapa!» o, si llevabamos platos y vasos, contestaban con un «¡Gracias guapa!», así que le dije «Ya que eres tan guapa, ¿porqué no le preguntas si nos dan algo para tomar?». A la tarde cada uno se fue a su casa. Salimos, cansados, ni un minuto después de la media noche. Ese día la cueta de los caidos fue “solo” de dos elementos, dos tontos que se habían emborrachado y habían empezado a pegarse. Ruth me propuso de ir a tomar una cerveza (que, después de haber visto tantas, no es que me daba muchas ganas) al restaurante donde trabaja su novio: la tomé rápido y a la h 1.00 ya estaba de vuelta en casa

    El Sábado y el Domingo se desarrollaron de manera parecida.

    A medianoche salimos y fuimos también esta vez a tomar una caña en el restaurante de su novio, pero acompañados también por Máximo, un argentino que estaba desde el Miércoles. A mi me dolían mucho los píes, así que tomé mi cerveza (igual que a la noche anterior, tampoco esta nos hicieron pagar) y me fui para casa.

    El Domingo se diferenció porqué nos encontramos a las h 12.25 y entramos en la feria como visitantes (aunque siempre por la entrada de personal, para evitar la cola), tomamos una caña y un plato de paella, tomamos el pelo a los compañeros que ya estaban de servicio y solo después empezamos con el trabajo.

    Episodio a parte: parece que a la noche anterior el argentino había acompañado a Ruth hasta su casa y allí le había preguntado si podía quedarse “a dormir”; Ruth, ingenua (no inocente, porque la tipa la inocencia la habrá perdido hace ya mucho tiempo), le dijo simplemente que no, ya que esa era la casa del novio; parece que el argentino, a parte quererse follar a la niña, tenía el problema que en su piso estaban un amigo de visita (que ocupaba su cama) y el compañero Hector, un peruano que también trabajaba con nosotros (que ocupaba el sofá), así que tuvo que dormir en el suelo . . . Ruth, cuando lo supo, se quedó mal, quedándose entre enfadada y lastimada, inutil fue buscar explicarle que si el argentino tiene alguna rotulita que no le funciona, ella no le puede hacer nada, así como inutil fue convencerla de las claras intenciones del argentino.

    A la noche volvieron a colocárnos cada uno en una posición estricta. Había tensión y necesidad de hacerlo realmente bien, porqué esa noche, la última, era la del concurso. Después de una hora y pico, empecé a presionar a Ruth para que fuéramos a fumarnos un sigarrillo, pero ella siempre decía de esperar, así que a cierto punto me cansé y fui solo, ya que la roja estaba rara, tal vez cansada, de hecho poco de compañía. A diferencia que en 2007, este año nos dejaron fumar en la cocina (yo la llamo cocina, pero solo servía para lavar los vasos y tomar platos, tenedores, bolsas y todo cuanto necesitábamos). Mientras que fumaba, se me acercó Marcos y me dijo que en cuanto terminara de fumar tenía que decirme algo; yo le dije que podía ya, que iba a tirar el sigarrillo, pero él me insistió en que lo terminara, descansara unos minutos más y solo después lo alcanzara; eso me pareció muy raro . . . sonaba a preludio de despedida, aunque raro ya que solo faltaban unas tres horas al cierre y yo no había hecho nada malo, al revés, había sido de los más disciplinados. Fumé mi sigarrillo, bebí mi Coca-Cola y me acerqué a Marcos: me dijo de buscar a tla Paco y de decirle que él (Marcos) me mandaba; le había pedido de mandarle un tipo eficiente y, entre los sesenta, había elegido precisamente a mi . . . La tarea de Paco (el hermano del gordo) era la de hacer de “tapa guard”. Me tocaba ir stand por stand, junto con el encargado de “organización” de turno, y escoltar el hostelero con la tapa en concurso hasta el palco, haciéndole camino entre la gente.

    Salimos a medianoche, cansados, ni la cerveza fuimos a tomar. Al día siguiente fui a las oficinas de Select para entregar el parte de trabajo.

    01-06-2008; Palacio de Deporte; Madrid