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7/29/2008 FORLAN E QUEL NEGRO DI PELÉ«Il Negro è sempre stato diverso. Lo menavi e rispondeva, ed era pericoloso! Maradona, con tutta l’ammirazione che ho per lui, non era uno che reagiva, e sì che l’hanno menato per tutta la vita. Il Negro no, il Negro era cattivo.» Pablo Forlan, ex difensore della nazionale uruguayana e padre di Diego Forlan, su Pelè - As 7/24/2008 ECCO L'ANGURIA RECORD: PESA QUASI UN QUINTALEda La Repubblica di oggi, Giovedì 24 Luglio 2008.
NOVELLARA. A conclusione della «due giorni» di festa dedicata all'anguria, frutto simbolo dell'estate padana, il titolo di Miss Anguria 2008 è andato alla cocomera presentata dall'azienda di Fabio e Gabriele Bartoli, che ha fermato l'indice della bilancia a 97,900 kg. Fabio Bartoli in particolare, che è fra gli animatori della manifestazione e fra i promotori della certificazione DECO (DEnominazione Comunale di Origine) per l'angurie Ardita di Novellara, dal 1999 è ininterrottamente campione italiano per il cocomero più grosso. Anche quest'anno, con il socio Gabriele, si è confermato imbattibile, distaccando di oltre 20 kg la seconda classificata, presentata da Paola Gatti di Poviglio (75,200 kg). Terzi Roberto e Federico Bartoli (74,600 kg). Fra mostre, esposizioni, bancarelle, musica, ristorante e cocomeraia, la serata è ruotata principalmente sul concorso per Miss Anguria, con la sfilata dei carri di cocomere e l'ingresso nel cortile della Rocca, preceduti dalla banda e dalle majorettes di Quaderni. Dopo le pesature, il presidente della Pro loco Marco Villa ha proclamato Miss 2008 la voluminosa cucurbitacea coltivata dai Bartoli nel cuore delle Valli di Novellara. 7/12/2008 IBIZAEl Lunes a la mañana salimos hacia Ibiza. Nos embarcamos en horario (a las h 10.20), pero el vuelo EasyJet 7783 salió con media hora de retraso, así que llegamos al aeropuerto de Ibiza al mediodía. Allí, a las h 12.20, tomamos el autobús nº 9 hacia San Antonio Abad, hoy conocido como San Antonio de Portmany. Otra hora a través de las calles vacías, accidentadas y llenas de vegetación de la isla y, gracias a las indicaciones de la conductora del bus (que nos pareció ver fumar mientras conducía . . .), encontramos el hotel. Ubicado en la Avenida de Portus Magnus (también esta cambiada de nombre, hoy se llama Avenida de Portmany, así que nos perdimos un poco, pasando varias veces al lado de la residencia sin darnos cuenta que fuera aquella), el Hotel Marco Polo es grande y acogedor. Nos sistemaron el la habitación 301 (tercera planta), fornida de dos camas, toilette, muebles varios, sofá, una mesita y una pequeña terraza que da en un patio interior con piscina. Nos acomodamos y salimos a comer algo en el Bar Sarribada, al otro lado de la calle del hotel. De allí fuimos hacia la playa, a unos doscientos metros. La verdad es que habíamos leido en Internet cometarios malísimos de ese hotel, pero se ha revelado otpimo en casi todos los sentidos. La playa es pequeña en frodundidad, pero amplísima en longitud; es una bahia, así que el agua es muy baja, a mi (que no soy exactamente un gigante) me llegaba apenas a la cintura; además, nunca en tantos años he estado en un mar tan caluroso y sin olas, tal vez precisamente por estar cerrado. El calor era tremendo, pero a mi me gusta el calor, así que me resultó muy agradable. Las calles estaban muy pobladas, menos la playa, pero nos dimos cuenta enseguida que la gran mayoría de la gente era británica.. Nos bañamos, tomamos el sol, caminamos. A mitad de la tarde fuimos a un bar cercano a la playa, el Elite Crust. A la noche, después de volver al hotel y bañarnos, salimos a cenar en un restaurante que se llama LuaLua: yo comí una pizza. Caminamos un poco por la ciudad (bueno . . . parece mucho más un pueblo) y regresamos. Los días siguientes fueron bastante parecidos. El Miercoles a la noche no dormí mucho; me desperté a las h 4.00 por el ruido de una avispa (mi novia dice que es un mosquito, pero los mosquito no se te tiran todo el tiempo encima para picarte . . .) y, molestado por ella, no me pude dormir hasta las h 8.20. A la mañana María Valeria, agobiada por el calor (los dos nos quemamos bastante) me llevó a caminar en la parte opuesta de donde fuimos el primer día; yo no estaba convencido, me parecía que hubiéramos visto nada más que el puerto, pero nos encontramos con la cuesta de San Antonio. Bajo las rocas, el mar: me atreví a bajar, el agua era alta, por fin pude divertirme en serio nadando, apoyándome a las rocas, tirándome. A cierto punto, precisamente apoyándome a una roca, sentí un pinchazo a un píe, pero pensé que fuera solo la roca acuminada y no le di importancia. Nos bañamos los dos y nos prometimos volver también a la tarde y al día siguiente. De hecho a la tarde, después de estar un rato en la playa y dar una vuelta a tomar algo, volvimos. Esta vez nos apostamos en una pequeña encanaladura entre las rocas, donde a la mañana habíamos visto chicos y chicas bañarse y beber, dejando basura en todos lados. Apoyamos nuestras cosas en una roca sobre las piedras que componen la mini-playa y nos bañamos; un par de veces más, apoyándome a una roca, sentí pinchazos, esta vez más fuertes, pero segui pensando en las rocas puntiagudas. Al salir nos tiramos, antes al sol y después a la sombra, en las piedras, leyendo y descansando. La gente iba y venía. Desde una familia de latinos, compuesta por tres mujeres muy gordas y un niño muy delgado y muy ruidoso, a grupos de chico y grupos de chicas; las chicas eran en cantidad menor inglesas, evidentemente porqué no todo el mundo conocía ese lugar; de hecho, vinieron tres parejas de chicas españolas; una de ellas vino vestida, las chicas tiraron sus toallas a medio metro de mi, una no tenía traje de baño, así que se desvistió, en toda tranquilidad se quitó también el slip y se puso la parte de abajo de bañador, solo esa, como casi todas. Contenta ella . . . Antes de irnos, otro baño y otro pinchazo al apoyarme a una roca: solo al día siguiente, cuando el dolor llegó a ser insoportable hasta impedirme de apoyar el píe, me di cuenta de que esos no eran pinchazos de las rocas puntiagudas, sino que se debían al contacto con pequeñas medusas que estaban pegadas a las rocas . . . Cuando nos cansamos de estar allí, subimos donde el día anterior, costeando el paseo antes de sentarnos en un banquillo a esperar la puesta del sol. La última mañana solo estuvimos un rato en la playa, a las h 12.30 fuimos a almorzar. Lo demás ya lo he contado, nos esperaba una odisea en el aeropuerto. BARCELONA
El Sábado 5 nos despertamos temprano, desayunamos en el hostal y salimos a visitar la ciudad. Por la mañana vimos la Cathedral (no nos dejaron entrar porque mi novia llevaba un jeans “demasiado” corto), la inglesia de Santa María del Mar (considerando la experiencia recién hecha, mi novia no quiso ni intentar entrar, como medida preventiva) y el Museo Picasso (aquí pudimos entrar . . .), andando entonces por el Barrio Gótico que tanta fama tiene, pero nada más, solo fama . . . Almorzamos en un lugar que se llama Buenas Migas, en la Bajada Santa Clara, y el lugar nos gustó tanto que allí también cenamos a la noche. La tarde la pasamos en la playa, la Barceloneta, alcanzada después de volver al hostal a descansar un par de horas, pero sin bañarnos, ya que precisamente cuando decidimos ir al agua subió el viento. El Domingo igual: despertador a las h 8.30, desayuno, dejamos la habitación, “aparcando” la maleta en la guardería del hostal, y salimos. Llegamos en Metro hasta Plaza de Catalunya, hicimos unas fotos y, bajo un sol muy fuerte, tomamos el Paseig de Grácia. Pasamos por la Casa Batlló, pero sin entrar, sí entramos en la Pedrera, la visitamos más o menos toda y, al salir, tomamos la Calle Provença para dirigirnos a la Sagrada Familia. Eran las h 12.00 cuando paramos un par de minutos a descansar en la esquina entre la Calle Provença y la Avenida Diagonal; notamos algo, nos acercamos, mi novia preguntó: para las h 14.00 estaba programada una paellada pública, por un evento de la semana anterior, que se tuvo que renviar por la lluvia. Nos invitaron! Alcanzamos la Sagrada Familia, dimos una vuelta alrededor, tomamos algo para beber, descansamos un rato a la sombra y volvimos atrás. A por la paella . . . En la espera que estuviera lista, un grupo sonaba música típica local y los viejecitos presentes bailaban en círculo. La mega paellada tuvo éxito, yo comí dos platos, también daban vino, nosotros tuvimos que poner solo el pan . . . Con la panza llena, dimos la vuelta otra vez, bajo el calurosísimo sol. El bus 92 en una perpendicular de la Avenida Gaudí, nos llevó hasta el Parque Guell. No había muchísima gente, nosotros tampoco nos detuvimos mucho, el clima llamaba playa y al final playa fue. Bajamos andando, después tomamos el Metro. Nos quedamos en la Barceloneta (tampoco esta vez nos bañamos) hasta las h 19.15, después volvimos al hotel, recojimos la maleta y fuimos a la estación, con pit-stop en un cercano Pans and Company para comprar la cena. Esperando en la estación, me encontré con Angelo, que volvía de un viaje de trabajo en nuestro mismo tren. Tren (AVE 3212) que salió en horario, a las h 21.00, así que llegamos a casa poco después de las h 24.30. Solo el tiempo de descansar un rato. A la mañana siguiente avión hacia Ibiza. VACACIONES 2007Empezamos por el final. El Jueves teníamos que tomar el avión en Ibiza para volver a Madrid a las h 16.35. Dejamos San Antonio Abad a las h 14.30 con un autobús que nos llevó al aeropuerto a las h 15.15. A mi desde la tarde anterior me dolía mucho un píe y me quité la chancla, poniéndome un calcetín y caminando sin apoyar la parte anterior del píe. Dimos una vuelta y esperamos el embarque del vuelo EasyJet 7786, programado para las h 16.05. A las h 16.40 todavía no habían abierto las puertas y lo peor es que esperando el avión no habían ni diez personas. Fue entonces cuando en la pantalla apareción la escrita “VUELO CANCELADO” . . . Fuimos a la oficina de informaciones, encontrando muchísima gente. Nos confirmaron: el vuelo había sido cancelado, los que fueron a hacer el check-in, fueron llevados a un hotel, algunos para tomar un nuevo avión a la noche, otros para tomarlo al día siguiente; nosotros que habíamos hecho el check-in on-line no habíamos sido informados de nada. Nos ofrecieron de tomar el vuelo 7790 de las h 23.55, proponiéndonos de darnos cena gratuita en uno de los restaurantes del aeropuerto. Esperamos más informaciones, después nos fuimos. Buscamos el ambulatorio del aeropuerto para que me vieran el píe. Ya había tomado un Ibuprofeno que me había aliviado el dolor. La enfermera del ambulatorio no tuvo dudas: había entrado en contacto con una medusa. Me puso una pomada, me la recetó para que la comprara, me hizo un bendaje al píe y me dijo de seguir con el calcetín en vez de la chancla. De vuelta a la oficina de información de EasyJet, nos dijeron de ir con un chico que nos hubiera llevado a por la comida. Inicialmente había hablado de vales de comida, así que lo seguimos, pero llegados al restaurante nos dimos cuenta que el tipo quería que cenáramos ya, a las h 18.30 de la tarde . . . Sin perder la calma, le hize notar que no era hora, quedando con la gente del restaurante en que hubiéramos vuelto a las h 20.00. Volvimos una hora y media después, comimos cuatro platos cada uno, más postre, más bebida; ninguno de los dos terminó toda la comida, calculamos que lo que comimos nos hubiera costado más de 40.oo € cada uno . . . Nos habían dicho que teníamos que hacer el check-in para que nos dieran nuevas tarjetas de embarque; el check-in estaba programado para las h 21.45, pero lo iban a empezar a las h 21.30 para nosotros del vuelo anterior. A las h 21.30 no había nadie, fui a preguntar y habían cambiado de idea, el check-in era a la h 22.40 y no lo iban a adelantar; tuvieron al menos la delicadeza de dejar que lo hiciéramos primeros. Pasamos otra vez el metal detector, caminamos para digerir, descansamos, leimos un rato tirados en unas sillas. A las h 23.00 fuimos a esperar el embarque programado para las h 23.25. Esperamos en vano: retraso tras retraso, el embarque empezó a las h 24.40. En el avión, dos azafatas (un chico y una chica) se reian del mal funcionamiento de las luces; una chica se quejó, ellos se rieron también de ella; llamé al chico, le hize un rápido resumen de mi día y le invité a tener más respeto. El avión dejó Ibiza a la h 1.30, llegamos en casa a las h 3.00 . . . |
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